El fin de semana pasado, Estados Unidos e Israel atacaron instalaciones estratégicas de Irán; la ofensiva tuvo como resultado la muerte del ayatola Alí Jamenei. Desde sus primeras horas, el conflicto en Oriente Medio ha impactado en los mercados globales, principalmente en el sector energético. Este lunes, por ejemplo, el Brent registró su mayor aumento en cuatro años antes de estabilizarse en 78 dólares.
¿Qué tan grave puede ser el impacto?
El factor clave es el estrecho de Ormuz: por ahí circula 20% del petróleo mundial. Irán amenazó con bloquear el tránsito, atacó a cuatro embarcaciones y algunos buques decidieron no cruzarlo. Se estima que un cierre formal podría elevar el precio del petróleo hasta 108 dólares (Bloomberg Economics), algunos analistas proyectan que alcance los 150 por barril. Incluso una interrupción relativamente breve podría generar retrasos logísticos con repercusiones globales. Si el conflicto escala y alcanza infraestructura estratégica en Arabia Saudita, Emiratos o Kuwait —dentro del alcance de los misiles iraníes— el escenario económico podría ser aún más complejo.
¿Qué implica para México?
Quizá la primera intuición sea presumir que nuestro país, en tanto productor petrolero histórico, podría beneficiarse de un aumento en la demanda global. Es una lectura parcialmente correcta: los precios altos suelen mejorar los ingresos de Pemex y de la Federación. Sin embargo, los hechos exigen algunos matices: en realidad somos un productor en declive con una capacidad limitada de refinación. Los escasos beneficios que logremos capitalizar serán marginales en comparación con los de otros exportadores consolidados.
Pero eso no es todo: la crisis representa un espejo incómodo para nuestra situación actual. No sólo no veremos grandes réditos petroleros, sino que probablemente aumenten los costos de nuestras importaciones energéticas, cada vez más significativas. Nuestra posición es vulnerable.
En 2025, México importó 605 mil barriles diarios de gasolina, diésel y turbosina: 46% de la demanda nacional. Pemex cerró el cuarto trimestre con pérdidas de 155 millones de pesos y una producción de 1.6 millones de barriles diarios. Más de 70% del gas natural que genera electricidad e impulsa los sectores productivos viene de EU. Durante años, el discurso oficial ha construido un relato de soberanía energética; la realidad lo desmiente.
Una crisis prolongada en Oriente Medio encarecería los energéticos y, al mismo tiempo, podría frenar inversiones y aumentar la inflación. Así, la variable crítica no es el precio del crudo, sino la duración del conflicto. El impacto de un estrecho de Ormuz parcialmente operativo durante algunos días sería fácilmente manejable. Una guerra extendida durante semanas o meses representaría muchos más riesgos para México y para el mundo.
Con todo, esta coyuntura debería ser un recordatorio de la necesidad de reconstruir, en serio, las capacidades productivas de Pemex. Las crisis pasarán. La dependencia energética de México, por ahora, no.
