Escrita en 1930, "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny" es una obra que con jazz, canción popular y cabaret, cuenta la historia de una ciudad que promete placer ilimitado, pero hay un costo
Escrita en 1930, "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny" es una obra que con jazz, canción popular y cabaret, cuenta la historia de una ciudad que promete placer ilimitado, pero hay un costo

Una ciudad levantada en el desierto bajo la promesa del placer ilimitado. Una ley simple y brutal: quien tiene dinero, vive; quien no, cae. Con esa premisa arranca Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny), la ópera que Kurt Weill y Bertolt Brecht escribieron entre 1927 y 1929, y que ahora llega por primera vez a México de la mano de la Compañía Nacional de Ópera.
No es una ópera cómoda. Estrenada el 9 de marzo de 1930 en el Neues Theater de Leipzig, en plena República de Weimar, la obra desmantela la ilusión del progreso y expone la lógica feroz del mercado como única moral posible. Mahagonny crece alimentada por el exceso —alcohol, sexo, apuestas— hasta que su propia regla fundacional la devora. El crimen no es matar: es no pagar.

La partitura tampoco se ajusta a moldes previsibles. Weill dinamita la tradición romántica al incorporar jazz, canción popular y ecos de cabaret, obligando a los intérpretes a moverse —como ha señalado el director de escena Marcelo Lombardero— en un territorio anfibio entre la música académica y la cultura urbana. Brecht, por su parte, activa su “teatro épico”, distancia en lugar de identificación, reflexión antes que catarsis. El resultado es una sátira que, casi un siglo después, conserva filo.
La producción que ocupará la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes del 22 al 29 de marzo, ha sido presentada previamente en Argentina, Chile y Colombia. En México contará con la dirección escénica de Lombardero y el director concertador Srba Dinić, al frente de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes, con dirección huésped del coro de Luis Manuel Sánchez.

El equipo creativo articula una propuesta visual que dialoga con la crudeza del texto, la escenografía de Diego Siliano, iluminación de Rafael Mendoza, vestuario y maquillaje de Luciana Gutman, coreografías de Ignacio González Cano y Hugo Curcumelis, video de Giselle Huauscarriaga y asesoría lingüística de Georg Tielmann.
En escena, Rosa Muñoz encarna a Leokadja Begbick; Gustavo López Manzitti a Jim Mahoney; Hildelisa Hangis a Jenny; Hernán Iturralde a Moisés Trinidad, junto a un elenco mayoritariamente mexicano —más del 80 por ciento— que asume el reto vocal y actoral de una partitura exigente, cantada en alemán y con subtítulos en español.

Dividida en tres actos y con una duración aproximada de 150 minutos (más un intermedio de 15), la obra está dirigida a público mayor de 16 años. Las funciones serán los días 22, 24, 26 y 29 de marzo —martes y jueves a las 20:00 horas; domingo a las 17:00—.
En tiempos donde el consumo se confunde con libertad y el dinero con virtud, Mahagonny no se limita a narrar la caída de una ciudad imaginaria. Coloca al espectador frente a un espejo incómodo. Y lo deja ahí, sin redención romántica, preguntándose cuánto cuesta —en realidad— el paraíso.
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