Acapulco, Gro.- El cáncer -ambulantaje- desbordado en las playas y principales avenidas y calles de Acapulco, está poniendo en riesgo el escaso turismo “social”, por no decirle de anafre que frecuenta al puerto que catapultó a México como ícono del turismo al convertirse en el primer destino turístico internacional del país en la década de los 50.
Tras el pasó de los huracanes Otis -primeras horas del 25 de octubre de 2023- y el ciclón John –23 de septiembre de 2024- que devastaron a Acapulco, este destino dejó de ser el hogar de ricos y famosos, se perdieron las vistas que robaban el aliento, su animada vida nocturna y sus maravillas naturales, que eran escenarios de bodas de ensueño, películas y videos musicales, dejando de ser el destino de playa más solicitado por extranjeros y población capitalina.
Según la revista Forbes, Acapulco dejó de figurar en el top 10 destinos más populares. No obstante que la publicidad más efectiva para cualquier destino turístico es la recomendación de boca en boca. Pero en Acapulco el ambulantaje, los taxistas y los meseros playeros independientes se han encargado de correr el escaso turismo que sostiene al puerto.
Todavía en la década de los 70, 80 y 90 los dirigentes de las cámaras -Canaco, Canacintra y Canirac- defendían sus huestes y frenaban el ambulantaje, saliendo a las calles para frenar el fomento del comercio irregular por parte de los líderes priistas Dalia Serna, Oscar Hernández Almazán, Eloy Polanco Salinas, Margarito Larumbe, Dalia López Candela, Magda Adame, entre otros. Hoy los representantes de dichos organismos son alfombra de las autoridades en sus tres niveles de gobierno.
Tal es el caso del empresario restaurantero y "presidente" (sic) de la Mesa de Infraestructura del Consejo Consultivo de Turismo del Estado de Guerrero" -dependiente de la Sectur Guerrero, Jesús Zamora Cervantes, que pretende legalizar el cáncer (ambulantaje) que daña a Acapulco, en complicidad con el director general del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur)- Sebastián Ramírez Mendoza y la alcaldesa porteña, Abelina López Rodríguez, señalada como invasora de terrenos.
El antecedente de Jesús Zamora quedó registrado el pasado 3 de agosto de 2023 al ser encargado de coordinar a los transportistas de Acapulco y algunas regiones costeras de Guerrero a favor de Marcelo Ebrard, expadrino político de la alcaldesa Abelina López, cuando el corcholato buscaba la candidatura de Morena a la Presidencia de México.
Fue uno de los propios transportistas, Rogelio Hernández Cruz, quien reveló que Jesús Zamora fue comisionado directamente por la alcaldesa porteña para operar a su nombre e, inclusive, le entregó los recursos suficientes para la renta del local y el acarreo de transportistas.
Durante el evento, realizado por el área del Viaducto Diamante (o Metlapil), se vio en horarios hábiles de trabajo al exsecretario general del ayuntamiento, José Juan Ayala Villaseñor, y al entonces director de Comunicación Social, Javier Octavio León Rubio, entre otros empleados del ayuntamiento, coadyuvando en el evento.
Jesús Zamora y férreo defensor de los prestadores de servicios de playa era entonces, casi el “brazo derecho” de Abelina.
“Ella (le) concedía todo lo que le pidiera”, se jactaba él, porque como “asesor”, era el “mejor”. A nadie más hacía caso que a él, presumía, ufano, con sonrisa amplia.
De hecho, a Zamora se le llegó a conocer como El Gladiador o Mediador de Abelina para lidiar con opositores a su gobierno, presiones al estado y apaciguar a periodistas que traían en jaque a la alcaldesa.
Pero de la noche a la mañana se distanciaron, a grado tal que Zamora ya otorgaba entrevistas de prensa en las cuales ya no le importaba mencionar a su otrora “amiga”.
“No entiende, es necia, no se deja ayudar”, diría después del fallido “romance”.
Pero así como sorpresivamente se distanciaron (porque el grupo que representaba fue olvidado por la alcaldesa que buscó su reelección en 2024, con la ayuda del “carnal” Marcelo que con su influencias ante Andrés Manuel López Obrador de nuevo la hizo “presidenta” municipal, se volvieron reconciliar, aunque bajo cautelosa reserva de no ser vistos juntos, porque el empresario aún respondía a los intereses políticos de Abelina López, quien en sigilo lo usó como “ariete” para hacer algunas presiones políticas y sociales con ayuda de los prestadores de servicios de playas, quienes más de una vez tomaron las calles por una u otra razón que solamente su líder conocía.
Él siempre negó todo, que no respondía a “intereses de ningún tipo grupo” y que no era “ni lacayo ni defensor” de Abelina López.
Es más, llegó a presumir que todo lo que hacía en defensa de Acapulco era “por amor” al puerto y que para ello no necesitaba ningún “cargo en el ayuntamiento”, porque para eso trabajaba y tenía sus negocios que le daban el dinero suficiente para vivir tranquilamente.
No obstante, Jesús Zamora, apareció en la Plataforma Nacional de Transparencia a partir de la quincena del 1 de julio del 2023 (un mes antes de coordinar el evento municipal para Ebrard) con el cargo de “asesor general” del ayuntamiento de Acapulco de Juárez”.
Su número de empleado era el “22075”.
Le fue asignado un “sueldo mensual bruto de 40 mil 3 pesos", del cual, con los impuestos correspondientes, cobraba 36 mil 544 pesos.
Tras el rompimiento con la alcaldesa en 2023, por motivos de que no fue incluido en su campaña de reelección -lo dijo textualmente así- Jesús Zamora volvió a aparecer en la nómina del ayuntamiento, con el mismo cargo, el mismo número de empleado, pero ahora con “50 mil 3 pesos de sueldo mensual bruto (es decir, 39 mil pesos libres de impuestos).
De allí surgió otro repentino, pero corto distanciamiento…
La “luna de miel” ya no sabía a miel…
Por “casualidades” de la política, Jesús Zamora fue reactivado con el mismo cargo y número de empleado el 1 de enero 2025.
Él, sin embargo, seguía argumentando que él seguía mirando a Abelina como lo que es: la alcaldesa de Acapulco, pero ya nada los unía, ni políticamente, ni como amigos, y que cuando frecuentaba el ayuntamiento iba “en calidad de empresario, no a pedir favores” de ninguna índole, porque para eso tenía dinero para pagar sus impuestos relacionados con sus negocios y propiedades.
El 1 de enero del 2025, el empresario que estuvo en contra del Marinabus y exigía la transparencia de sus gastos y hasta se mofaba del “Lanchón del Bienestar” de la Secretaría de Marina y, principalmente, contra Fonatur y su director, Sebastián Ramírez Mendoza, a inexplicablemente odia con “odio jarocho”, y amenazaba con emprender bloqueos para detener su operación, ya que no lo consideraba –ni lo considera- un transporte público, sino una lancha de recreo o paseo turístico, volvió a aparecer en nomina del ayuntamiento, pero de nuevo con un sueldo bruto de 41 mil 763 pesos (38 mil 79 libres de impuestos).
Destáquese, entre paréntesis, que literalmente, don Chucho Zamora se encargó de difundir videos de la embarcación “pintada con brocha gorda” que le vino a dar a Acapulco una “imagen de cuarta”, con un audio con el popular pregón del Ropavejero que gritaba “se compran colchones, refrigeradores, estufas, lavadoras y ropa vieja y toda clase de chatarra que no le sirva".
Aún hasta el 30 de septiembre de 2025, Zamora Cervantes seguía cobrando sus 41 mil 763… y desde entonces se le noto muy “feliz, feliz, feliz”.
Ya no se le ve mucho con Abelina López, pero sí con la presidente suplente y secretaria general del ayuntamiento, Leticia Lozano Zavala, con quien sigue luciendo feliz y reluciente, mientras el ayuntamiento resuelve problemas sociales menores y dando entrevistas a diestra y siniestra, aprovechando destacar el lado humano y político de sus dos patronas.
Pero ahora que se le despertó el gusanito de aspirar a la candidatura a la alcaldía de Acapulco, Jesús Zamora, refuerza su propuesta de reactivar su capital político de por lo menos 3 mil 500 prestadores de servicios de playa más los extras de cada temporada al insistir regularlo a través de Fonatur, sin importale la saturación de vendedores ambulantes en las playas no solo afecta de manera directa la experiencia de los visitantes, sino que también genera un entorno de desorden e inseguridad, factores que inciden negativamente en la percepción que se llevan quienes vacacionan en Acapulco.
“Hacer ver el riesgo que hay, porque evidentemente la gente cuando viene a Acapulco, una parte importante de su visita son sus playas. Al ser un destino que se enfoca al recreo y disfrute de sus atractivos naturales, aunque sin vida nocturna. Y al estar desbordado de ambulantes no es una buena impresión la que se lleva el turismo.
Se le olvida a Jesús Zamora que la publicidad más efectiva para cualquier destino turístico es la recomendación de boca en boca, por lo que una mala experiencia puede tener un impacto negativo mayor al esperado y afectar la decisión de futuros visitantes.
En este sentido, alertamos que quienes se enfrentan a playas y calles saturadas, posibles riesgos derivados del uso de tanque de gas, venta de mercancía presuntamente robada y un ambiente generalizado de inseguridad, difícilmente regresarán o recomendarán Acapulco como destino turístico.
Todo aquel que haya vivido una experiencia negativa no va a llegar a su casa a contar cosas buenas, y será complicado recuperar ese primer lugar en los próximos años, debido a que no van a regresar.
