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México cae 10 lugares en ranking global de democracia y se consolida como “régimen híbrido”

Pasó del lugar 71 al 81 en el Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit en apenas siete años

México continúa su descenso en los indicadores internacionales de calidad democrática. La más reciente edición del Índice de Democracia de The Economist Intelligence Unit (EIU) confirma una tendencia sostenida de debilitamiento institucional: el país pasó del lugar 71 al 81 en el ranking global en apenas siete años, al tiempo que su calificación cayó de 6.2 a 5.3 puntos.

La degradación no es menor. Con ese puntaje, México se mantiene dentro de la categoría de “régimen híbrido”, una clasificación que agrupa a sistemas políticos donde coexisten procesos electorales formales con fallas estructurales en el Estado de derecho, el funcionamiento del gobierno y las libertades civiles.

Los datos muestran que el retroceso no es abrupto, sino progresivo. En el propio histórico del índice, México transitó de niveles cercanos a 6.9 hace más de una década, hacia una pendiente descendente que se acentúa en los últimos años hasta ubicarse en 5.3.

Ese deterioro implica no solo una baja en el ranking, sino un cambio cualitativo en el que el país se aleja del umbral de “democracia imperfecta” para consolidarse en una zona intermedia donde las instituciones pierden eficacia y credibilidad.

Por debajo de Uruguay

En el contexto regional, México se ubica por debajo de democracias más sólidas como Uruguay, y más cerca de países con mayores tensiones institucionales. La distribución de colores en América Latina dentro del índice refleja esa brecha: mientras algunos países se mantienen en tonos azules (democracias defectuosas), otros —incluido México— se desplazan hacia la franja amarilla de regímenes híbridos.

Esto coloca al país en una posición intermedia incómoda: lejos de los estándares más altos, pero aún sin caer en la categoría de regímenes abiertamente autoritarios.

El diagnóstico del EIU no es aislado. Los hallazgos coinciden con lo documentado por el proyecto V-Dem para América Latina, que ha advertido sobre un proceso de erosión democrática gradual en México.

Ambos indicadores señalan patrones similares que incluyen debilitamiento de contrapesos institucionales, presión sobre organismos autónomos, deterioro del Estado de derecho y menor calidad en la deliberación pública

La convergencia de estas mediciones refuerza la lectura de que no se trata de una fluctuación coyuntural, sino de un cambio estructural en la calidad del sistema político.

En la metodología del EIU, los regímenes híbridos se caracterizan por la celebración de elecciones con irregularidades o condiciones desiguales, gobiernos con baja eficacia, instituciones vulnerables a la captura política y libertades civiles con restricciones o deterioro.

En ese sentido, la calificación de 5.3 coloca a México en una zona donde la democracia formal subsiste, pero su funcionamiento real presenta fallas significativas.

La evidencia acumulada por distintos índices internacionales coincide en que el país enfrenta un proceso de debilitamiento institucional que, de mantenerse, podría profundizar su alejamiento de los estándares democráticos más robustos.

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