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El rapto de Europa, otra vez

Hay momentos en los que la política contemporánea parece repetir historias mucho más antiguas. Europa, sin ir más lejos, vuelve a dar esa sensación incómoda de no terminar de decidir su propio rumbo. Como en el mito del rapto, cuando Europa es llevada sin resistencia aparente por Zeus, el continente se mueve hoy entre fuerzas que lo superan, o que al menos lo condicionan más de lo que le gustaría admitir.

En ese contexto aparecen dos intentos de reacción que dicen mucho de la Europa actual. Por un lado, Pedro Sánchez, empeñado en reconstruir una cierta comunidad política a través de la cumbre de Barcelona. No es poder duro, ni pretende serlo. Es más bien una apuesta por el relato, por la idea de que sin un marco común, sin una cierta identidad compartida, Europa queda a merced de otros.

Por otro lado, Emmanuel Macron, que ha optado por algo más tangible. La iniciativa en torno al estrecho de Ormuz intenta responder a una pregunta más incómoda, si Europa es capaz de proteger sus propios intereses cuando estos se ven amenazados. Aquí ya no hay tanto discurso, hay una voluntad de acción, aunque todavía con muchas limitaciones.

Lo llamativo es que ambos movimientos parten de la misma intuición, que Europa no puede seguir siendo arrastrada. Pero cada uno lo aborda desde un ángulo distinto. Sánchez intenta que Europa se reconozca a sí misma. Macron intenta que actúe. El problema es que, por ahora, ni una cosa ni la otra terminan de cuajar del todo.

Y en medio de esa indecisión aparece Donald Trump, que representa justo lo contrario. No hay dudas en su planteamiento, ni matices, ni voluntad de equilibrio. Su forma de ver el mundo es mucho más directa, basada en la fuerza y en la alineación clara. En ese terreno, Europa suele sentirse incómoda, porque no juega con las mismas reglas.

Quizá por eso la referencia al mito no resulta forzada, sino inevitable. Europa no es tanto débil como indecisa. Y mientras no resuelva esa tensión entre lo que quiere ser y lo que realmente puede hacer, seguirá corriendo el riesgo de que otros, con más claridad o más determinación, acaben marcando su destino.

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