Todo lo que sé sobre moralidad se lo debo al futbol, dijo en alguna ocasión Albert Camus, apasionado de las canchas, estadios, y de su equipo, el Racing Universitario de Argel. Yo, en cambio, lo que sé sobre amoralidad es por el balompié (y la política, claro).
Desde los partidos llaneros en mi pueblo, donde todos los jugadores acababan borrachos y algunos a golpes, con la camiseta del Atlas, hasta las noticias de la corrupción del FIFAGate en 2015, sobre una red global de sobornos y lavado de dinero, para otorgar derechos de transmisión. El presidente de la FIFA, Joseph Blatter renunció y también el candidato a sucederlo, Michel Platini, aunque años después la justicia suiza los absolvió. El beneficiario de aquel episodio bochornoso fue, tras un provisional, Gianni Infantino, quien ayer inauguró el tercer Mundial que ve el estadio Azteca, antes nombrado Guillermo Cañedo, quien trajo el Mundial de 1970. Ese estadio lo hizo Pedro Ramírez Vázquez, creador de edificios icónicos del populismo corrupto (como hoy) de José López Portillo, la Cámara de Diputados o la Basílica de Guadalupe. Paréntesis, (el estadio de Netzahualcóyotl, se llamaba José López Portillo, y allí jugaron Dinamarca, Escocia y Uruguay en el Mundial de 1986). Hoy, ¿por el bien de todos, primero los pobres?
Infantino, en la inauguración, me recordó al dictador Rafael Videla comenzando, “bajo el signo de la paz”, el Mundial de Argentina de 1978, dos años después de subir al poder con un golpe militar y dejar una estela de sangre y miles de desaparecidos. La FIFA lavó la cara de ese terror. ¿Hoy en México también?, después de miles de muertos y desaparecidos. El propio Videla ingresó al vestidor del Perú, con su séquito militar y el oscuro norteamericano Henry Kissinger, para coronar el “arreglo” de partido. Argentina fue campeón con chanchullo. El jugador inca José Velásquez acusó a su entrenador de recibir dinero, y declaró a la prensa que “seis jugadores se vendieron”.
Roban el balón. El escándalo de Parmalat, desvío masivo de más de 14 mil millones de euros en 2003, involucró a clubes italianos y a su Federación. El Parma hizo contratos falsos, doble contabilidad, valores inflados, y ganaron copas de Europa con Buffon, Cannavaro, Asprilla. México fue suspendido dos años de toda competencia internacional (incluido el Mundial de Italia en 1990) por falsificar actas de nacimiento. Los “cachirules”. Y en España está en los juzgados el “caso Negreira”, un árbitro recibió millones de euros del Club Barcelona, desde 1993 hasta 2018.
Grecia adoptó medidas soberanas, después de que su equipo fue campeón de Europa, para intervenir estatalmente a la FIFA en 2006. La FIFA amenazó con expulsarla. La FIFA es la privatización oligárquica del futbol, y la izquierda mexicana le aplaude y cena en castillo de Chapultepec, casa en estos días, del emperador Infantino. ¿Serán deuda pública, los regalos a la FIFA? Veremos cuando acabe la borrachera, como en mi pueblo.
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