Hay que insistir. Queremos gobierno, cualquier país lo necesita. El problema es que en México cada vez tenemos menos. La definición de gobernar es sencilla. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua significa mandar con autoridad; dirigir un país o una colectividad política; guiar, regirse por una norma. ¿Lo sabrán en palacio nacional, en Bucareli, en la SEP? Me parece increíble que ocho años después de “gobiernos” de la 4T no podamos dar por sentado algo tan sencillo.
En un excelente ensayo sobre la transición política, Fernando Escalante hace un apunte brillante sobre la paradoja del modelo de gobierno instaurado por López Obrador: “Por alguna razón, en el obradorismo nadie entendió que los límites y contrapesos y los obstáculos de la división de poderes son recursos de gobierno, es decir, que ayudan a gobernar también cuando estorban y precisamente porque estorban institucionalmente. Nadie entendió que eso es el Estado, que en eso consiste el poder, la posibilidad de concentrar el poder. Ni que la destrucción de una mediación institucional implica inmediatamente el surgimiento de una mediación personal: con menos reglas, menos límites, menos disciplina. Si no es el Congreso de Guerrero o el Poder Judicial de Guerrero, o el Poder Judicial federal, entonces es el cacique de la Costa Chica o el líder de los transportistas el que manda, el líder del sindicato de los normalistas rurales o el jefe de la Sección 22 del SNTE, porque puede”.[1]
En otras palabras, la demolición que han hecho de los contrapesos institucionales (Legislativo, Judicial, INAI, INE y Tribunal Electoral, etc.) que en teoría le otorga al Ejecutivo Federal nuevas facultades legales y extra legales, ha generado una paradoja, ya que ha convertido a la presidenta en rehén de los peores grupos sociales, que gracias la desaparición de instituciones y reglas, se vuelven muy poderosos.
El ejemplo más reciente es la coordinadora de maestros. Aquí en La Aurora, Aurelio Nuño analizó con gran lucidez cómo la derogación de la reforma educativa de 2013 resucitó a la CNTE y le devolvió su enorme poder extorsionador (eso es la CNTE, un grupo mafioso, como el CJNG, que extorsiona sin piedad a gobiernos, maestros y niños, para beneficio propio) que tiene a Sheinbaum contra las cuerdas con la demanda de eliminar la reforma de pensiones de 2007 que la misma presidenta les prometió en campaña y que ahora dice que no es posible porque quebrarían las finanzas públicas (no es lo mismo ser borracho que cantinero, ¿verdad?).
Si para contentarlos la SEP desparece la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (Usicamm), le entregará más poder al sindicato magisterial renunciando a gobernar la educación de los niños y jóvenes de México. Así de simple y grave.
Pero no es el único caso. Quizá el ejercicio de desgobierno más grave cometido por la 4T sea renunciar a construir un sistema de justicia eficaz. Ya cometió el error histórico de elegir ministros y jueces para someter al Poder Judicial. El complemento de esa estupidez es negarse a reformar la procuración de justicia y permitir a los gobernadores el uso discrecional de las fiscalías, lo que los convierte en dictadorcitos regionales, como Rocha Moya, Nahle, Américo Villarreal, etc.
La otra cara de la moneda de la renuncia a la justicia es el pacto de impunidad para los políticos de su movimiento, lo que facilitó todo tipo de componendas con las organizaciones criminales, lo cual se ha traducido en gobernanzas criminales en gran parte del territorio nacional.
Repasemos de nuevo la definición de gobernar: mandar con autoridad, guiar, regirse por las normas, dirigir un país. Diseñaron sin darse cuenta la trampa; cayeron en ella y se niegan a salir. Su desgobierno irá en aumento.
[1] https://www.nexos.com.mx/noticia-de-guerras-perdidas/
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