Cuando la CNTE enfrentaba a Calderón o a Peña Nieto, sus protestas eran interpretadas defensa de la educación pública y de los derechos laborales; hoy las mismas acciones son vistas con creciente incomodidad institucional
Cuando la CNTE enfrentaba a Calderón o a Peña Nieto, sus protestas eran interpretadas defensa de la educación pública y de los derechos laborales; hoy las mismas acciones son vistas con creciente incomodidad institucional

Durante más de una década, la hoy presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, mantuvo una posición pública de respaldo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), sus movilizaciones y sus principales demandas. Sin embargo, el conflicto magisterial de los últimos meses ha exhibido un cambio profundo en el discurso presidencial y de considerar la lucha de la Coordinadora como una causa legítima y digna, ha pasado a cuestionar los métodos de protesta e incluso a señalar la presencia de grupos ajenos al magisterio dentro de las movilizaciones.
Las publicaciones realizadas por Sheinbaum en sus redes sociales cuando era delegada en Tlalpan, dirigente política de Morena y posteriormente jefa de Gobierno de la Ciudad de México permite reconstruir una narrativa muy distinta a la que sostiene hoy desde Palacio Nacional.
En octubre de 2013, en plena confrontación entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y la Coordinadora por la reforma educativa, Sheinbaum difundía mensajes inequívocos de respaldo.
Uno de ellos señalaba: “¡Interponen miles de amparos contra las leyes secundarias de la reforma educativa! Viva dignidad de la CNTE”.

Semanas después, cuando integrantes de la Coordinadora realizaron bloqueos y protestas en la Ciudad de México, publicó: “Si la CNTE bloquea el aeropuerto por educación pública son unos bárbaros. Si EPN lo bloquea por ineptitud no pasa nada”.
La frase no sólo defendía la legitimidad de las movilizaciones magisteriales, sino que cuestionaba el doble rasero con el que, según ella, eran juzgados los maestros frente al gobierno federal.
En junio de 2016, durante los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad derivados de la reforma educativa, Sheinbaum escribió:
“Ciudad de México vs maestros. Algo está muy mal”.
Ese mismo año compartió imágenes de multitudinarias movilizaciones acompañadas por la consigna de “#NoEstanSolos Viva la lucha de los maestros de México”.

El mensaje contundente era que la Coordinadora representaba una resistencia legítima frente a una política educativa considerada injusta por la izquierda que entonces encabezaba Morena.
La confrontación entre la CNTE y el gobierno de Peña Nieto tuvo una razón concreta. La reforma educativa de 2013 modificó profundamente la relación entre el Estado y el magisterio. La nómina de los docentes pasó nuevamente al control federal; se creó el Servicio Profesional Docente; las plazas dejaron de ser automáticas o heredables; se establecieron evaluaciones periódicas; se implementaron descuentos por faltas injustificadas y se combatió la figura de los llamados “aviadores”.
Para los gobiernos anteriores, estas medidas buscaban profesionalizar la educación pública y transparentar el manejo de recursos. Para la CNTE significaban la pérdida de instrumentos históricos de control sindical y político.
Fue precisamente esa reforma la que López Obrador convirtió en una de sus principales banderas políticas. Durante años prometió derogarla y devolver derechos laborales que, según él y sus aliados, habían sido vulnerados.
Sheinbaum acompañó esa narrativa.
El respaldo a las demandas magisteriales no terminó con la llegada de Morena al poder. Durante la campaña presidencial de 2024, Sheinbaum retomó una de las exigencias históricas del magisterio: la reforma al sistema de pensiones del ISSSTE aprobada en 2007.
Ante maestros y trabajadores del Estado afirmó: “Vamos a echar para atrás la reforma a las pensiones del 2007, que condenaron a las trabajadoras y trabajadores del Estado a pensiones de miseria”.
Todavía el 27 de febrero de 2025, ya como presidenta, difundió un mensaje dirigido a maestras y maestros donde aseguraba: “No vamos a hacer nada que les afecte, al contrario; nuestro objetivo es seguir beneficiándolos”.
La declaración se produjo en medio de la discusión sobre modificaciones relacionadas con el ISSSTE y buscaba tranquilizar al sector docente.

La relación comenzó a tensarse cuando la Coordinadora mantuvo la presión pese a los cambios impulsados por los gobiernos de Morena.
La CNTE no sólo exigió la derogación de la reforma educativa de Peña Nieto —que finalmente fue eliminada— sino también incrementos salariales, cambios al régimen de pensiones y el cumplimiento de una larga lista de demandas adicionales.
Las movilizaciones continuaron durante el gobierno de López Obrador y se han intensificado en la administración de Sheinbaum.
Frente a los bloqueos, plantones y afectaciones en la Ciudad de México, el discurso presidencial empezó a modificarse. La narrativa dejó de centrarse en la legitimidad de la protesta y comenzó a enfocarse en las afectaciones a terceros, la radicalización de algunos grupos y la presunta participación de actores ajenos al movimiento magisterial.
Es ahí donde emerge una contradicción política evidente.
Los bloqueos al aeropuerto, las marchas multitudinarias, los plantones permanentes y la presión sobre el gobierno eran presentados en 2013 y 2016 como expresiones legítimas de resistencia social. Las mismas tácticas son hoy descritas desde el poder como acciones impulsadas por grupos radicales o infiltrados que buscan desestabilizar.
La paradoja para el gobierno federal es que muchas de las demandas actuales fueron alimentadas por el propio discurso opositor de Morena durante más de una década.
Cuando la CNTE enfrentaba a Calderó o a Peña Nieto, sus protestas eran interpretadas por la izquierda como defensa de la educación pública y de los derechos laborales.
Cuando la CNTE presiona a un gobierno emanado de Morena, las mismas acciones son vistas con creciente incomodidad institucional. En una conferencia mañanera, el pasado 5 de junio, la misma mandataria se expresaba así sobre las acciones de la disidencia magisterial.
“No vamos a desalojar porque eso es precisamente lo que quieren”.
— La Aurora (@AuroradeMexico) June 5, 2026
La presidenta @ClaudiaShein afirmó que existe un grupo dentro de las manifestaciones que busca provocar una respuesta de la autoridad para generar imágenes de represión, por lo que el gobierno mantendrá la… pic.twitter.com/WscNxC0DPo
La Coordinadora tampoco ha modificado su estrategia histórica. Desde su surgimiento en 1979, su método de negociación ha sido prácticamente el mismo: movilización, presión, obtención de concesiones y nuevas movilizaciones para ampliar beneficios.
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