La Ciudad de México es mi ciudad favorita. Pintar puentes peatonales y paredes, o plasmar ajolotes, no le quita lo descuidada. Mi sesgo no sólo se explica porque aquí nací, cuando la habitaban casi 4.9 millones de personas en 1960 —para llegar en 1980 a 8.8 millones—, sino porque aquí he vivido y disfrutado sus atractivos. Aquí vive mi familia, mis amigos desde kindergarten, los de la licenciatura en el ITAM y las amistades profesionales.
La regularidad de las lluvias permitía ver, a la mañana siguiente, al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl todavía con sus glaciares: un espectáculo que hoy me alegra cuando el clima y la calidad del aire lo permiten. Desde la inauguración del Metro en 1969 y del Metrobús en 2005 los he disfrutado y sufrido. Usé los Delfines que aseguraban asiento, los Ruta 100, peseros, microbuses y taxis. Esta experiencia me convenció de que al Estado le corresponde hacer del transporte público regulado —con tarifas adecuadas y subsidios dirigidos— la solución para la movilidad. Así lo hacen las grandes ciudades más habitables.
Me entristece la falta de mantenimiento del Metro desde 1998, aunque se hayan renovado vagones, y que la expansión después del 2000 se haya construido con trazos que dejan mucho que desear. Tal vez porque asistí a la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968 y al Mundial México 70; porque vi el juego del siglo entre Alemania e Italia; porque grité los goles de Gerd Müller y del Rey Pelé, la quiero mucho.
Como funcionario de la SHCP empecé a adentrarme en las finanzas del D.F., desde que era un organismo público descentralizado de control directo presupuestario del gobierno federal hasta convertirse en una entidad federativa con Constitución. Esto me permitió conocer cómo financiar soluciones para que la ciudad funcionara. Javier Beristain, uno de los mejores secretarios de Finanzas del gobierno del D.F., explicó a la SHCP cómo utilizaría un apoyo federal para construir rellenos sanitarios fuera de su territorio y atender el aumento de desechos sólidos.
Por cierto, la recolección de basura es algo de lo que mejor funciona en nuestra CDMX. De Javier aprendí la gravedad del abastecimiento y manejo del agua. Invitar a particulares a invertir para reducir fugas era una solución adecuada para usuarios y gobierno; mejor que pagar por agua de mala calidad en pipa.
Recuerdo una frase del profesor Hank González sobre la complejidad de gobernar el D.F. Decía: “es la única ciudad en el mundo que es simultáneamente la capital política, económica, financiera, religiosa, cultural, educativa y deportiva”. Esa concentración ha sido también su talón de Aquiles.
Desde luego, el crecimiento desbordado de la zona conurbada rebasa a la CDMX y la coloca entre las grandes metrópolis de más de 20 millones, junto con Tokio, Bangkok, Manila, Seúl, Estambul, Nueva York y São Paulo. La zona metropolitana está gobernada por Morena y aliados, por lo que tendría que haber coordinación, también desde el gobierno federal, si se quiere promover el crecimiento económico.
Hoy me preocupa la conducción económica de la CDMX, la economía regional más importante del país, con alrededor de 15% del PIB nacional. Me preocupa su baja productividad, causada por una informalidad demasiado alta para su desarrollo.
Me preocupa que la CDMX no use bien el financiamiento disponible para construir la infraestructura que necesita en transporte público, agua y drenaje. El descuido es evidente en los baches y en las ciclovías, que para los ciclistas son un martirio.
La CDMX es la única entidad federativa que puede contratar financiamiento a la tasa más baja y al plazo más largo, porque su techo anual de endeudamiento lo aprueba el Congreso de la Unión y porque cuenta con sólida recaudación de predial e impuesto sobre nómina.
No obstante, es injustificable que no use este instrumento para mejorar la cobertura y la calidad de su infraestructura. A marzo de 2026, el saldo de la deuda del gobierno de la CDMX era menor al de hace 10 años en 7% en términos reales, cuando la deuda tampoco era un problema. México podría crecer más si su capital saliera de este letargo.
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