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La rebelión de la ultraizquierda

La coalición gobernante es un amasijo de grupos e intereses que empiezan a enfrentarse de modo cada vez más severo. El caso más notorio es el de la CNTE.

En realidad, se trata de una rebelión de la ultra izquierda, de un desgarramiento en la constelación de corrientes que se agrupan en lo social, donde hay de todo, desde personas genuinamente convencidas de que se requiere una transformación del sistema económico, hasta vividores de distinta ralea.

Tenía que ocurrir, porque, en la 4 T nunca los convocó un proyecto de nación, sino la posibilidad de medrar de los recursos del Estado hasta dejarlo en la situación en la que ahora se encuentra.

Tan no existió una visión estratégica, como no fuera la concentración del poder, y el debilitamiento de la democracia, que ahora extrañan mecanismos de control que les serían de utilidad.

En la CNTE sabían que era imposible la cancelación de la Ley del ISSSTE, en lo que respecta a las pensiones, pero la enunciación de la exigencia les permitió lograr otras prebendas a cambio del apoyo político y electoral que dieron a Morena en 2018 y en 2024.

Un caso similar es el de Ayotzinapa, donde el reclamo legítimo de familiares de los desaparecidos se suele opacar por la maraña de intereses que impiden que se avance en la conclusión de unas indagatorias que perfilaron lo ocurrido desde el periodo de Jesús Murillo Karam como procurador general de la República.

Estas tensiones irán calibrando las posibilidades mismas de grupos que han acompañado a Morena y, de modo especial, a Andrés Manuel López Obrador.

Pero no deja de ser interesante que las principales tensiones que enfrenta la presidenta Claudia Sheinbaum provengan de sus aliados. Primero el partido Verde y el PT, cuando se opusieron a la desaparición de las posiciones plurinominales y la supresión de la pluralidad en las cámaras legislativas.

Y ahora los grupos más a la izquierda y menos controlables que los anteriores.

Quizá no tengan la espectacularidad de las tradicionales escisiones de la izquierda, pero son la constatación de una edificación ya con grietas.

Y se tendrá que reconocer, aunque sea a regañadientes, que la rebelión, la más intensa hasta ahora, no viene de la fantasmagórica ultraderecha, sino de la más que documentada ultraizquierda.

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