Nadie ha dañado el futuro de los más pobres del país como aquellos que han hecho del “pueblo pobre” su principal bandera política. Se me dirá que Morena ha sacado de la pobreza a unos 13 millones, según las estadísticas oficiales.
Todo eso estaría muy bien y no tendríamos nada que objetar de no ser porque, como se sabe, esas mismas personas han pasado a formar parte del segmento de la población “vulnerable por carencias sociales”. Es decir, aunque tienen más dinero, ahora deben gastar más, por ejemplo, en farmacias y médicos privados frente a la destrucción del sistema de salud pública que ha afectado a casi 45 millones de personas.
Sin embargo, esta misma población no ha gastado más en educación (en cursos, materiales o tecnologías y útiles escolares). De hecho, ese gasto ha disminuido al menos un 21% en términos reales en los últimos 10 años (bajando de tres mi 673 pesos a dos mil 903 pesos por hogar). La explicación de esto es compleja, aunque tiene que ver en primer lugar con que la educación no es tan apremiante como la salud, pero también está claro que los nuevos ingresos de los que disponen no son suficientes como para que muchas familias puedan enviar a sus hijos a escuelas privadas.
Atrapados, pues, en la educación pública, un millón 390 mil 673 estudiantes de educación básica en el país padecen el paro de la CNTE y la incapacidad del gobierno para cumplir las imposibles e irresponsables promesas que les hicieron a los maestros con tal de movilizarlos política y electoralmente en las pasadas campañas presidenciales de AMLO y Sheinbaum.
El ciclo escolar 2025-2026 está por terminar y todavía no sabemos cómo lo concluirán. La propia Secretaría de Educación Pública –hoy conducida por Mario Delgado, un personaje que muchos relacionan más con el negocio morenista del huachicol que con la educación– ha informado que tan solo en Oaxaca hay 10 mil 653 escuelas cerradas.
Según los mismos datos oficiales son casi 90 mil los maestros que se han venido movilizando. En otras épocas, para la presidenta Sheinbaum estos “compañeros” representaban al magisterio “consciente, que no se rinde ni se vende”, pero ahora que los tiene confrontándola todos los días , intentando boicotear el Mundial y hasta sus propias giras de trabajo, su juicio sobre ellos ha cambiado.
Pero sus coincidencias son muchas: ni a su gobierno ni a la CNTE les importa la educación de esos niños, que son al mismo tiempo los más pobres del país. Ambas partes no creen en el esfuerzo personal (un concepto muy “neoliberal”) por lo que les da lo mismo que los niños obtengan un cuatro que un diez, hay que pasarlos a todos. Y les interesa más el adoctrinamiento ideológico que formar niños críticos que piensen por su cuenta.
Pese a estas afinidades, el gobierno no tiene materialmente comó satisfacer las demandas de la CNTE. Para colmo, después de suspender el diálogo se le ha ocurrido darle a la Coordinadora (y, ojo, de paso al SNTE), un golpe “en su propio gallinero”: ir “escuela por escuela” a hablar directamente con los maestros y saltarse a las cúpulas sindicales para “consultarlos” sobre un tema crucial, el control de las plazas. Siempre es mala idea echarle leña al fuego.
Eso sucederá hacia agosto. Mientras tanto, el futuro de los niños sin escuela es la falta de oportunidades y la imposibilidad de acceder a empleos de mayor productividad. Es decir, seguir siendo pobres y, claro, clientela de la CNTE y el gobierno de por vida.
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