La Aurora semana 25. En vísperas del partido de este domingo entre las selecciones de México e Inglaterra, ya se dibuja la narración de lo histórico.
Será así, porque en lo que respecta al equipo nacional tiene aliento y perspectivas de triunfo.
Hay emoción y expectación. Ojalá se mantenga el ánimo de celebración sea cual sea el resultado. Solemos ser elogiosos hasta extremos ridículos en las victorias y ruines e irracionales en las derrotas.
A ello hay que sumar riesgos. Las multitudes en las calles pueden desbocarse y generar tragedias. Ya paso. Cuatro muertos en el contexto de los festejos ante Ecuador.
Para los policías, los que saben lo que significa estar en las calles o en los estadios, el temor más grande no proviene de porras o de grupos que protestan, sino de franjas de gente que participa de manera espontánea y que no pueden ser llamados al orden. Eso podemos ser todos cuando somos una marea humana.
En 2015, en París, bomberos y policías establecían corredores de seguridad para desahogar a los miles y miles de ciudadanos que trataban de llegar a la Plaza de la República. Lo hacían empujando con ambulancias o camionetas antimotines, cuidando cada metro de avance.
Era una manifestación dolorosa por el atentado contra los periodistas de Charlie Hebdo, un repudio al terrorismo que se manifestaba, además, en el respaldo a la autoridad. Aplausos a las fuerzas del orden ahí donde custodiaban la marcha.
Millones salieron a las calles en la capital de Francia. La movilización más grande desde el triunfo frente a los nazis en la Segunda Guerra. Saldo blanco.
Sí, lo del martes en la Ciudad de México fue distinto, de mayor peligro, porque es difícil controlar donde no hay interlocución ni conocimiento previo.
Pero para ello existen protocolos y análisis que anticipe. Ya hay lecciones. Más vale que todos hagan la tarea este domingo que, en efecto, puede pasar a la historia.
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