La primera obligación de cualquier consultor es comprender el entorno que pretende diagnosticar. De lo contrario, los consultores corren el riesgo de formular recomendaciones que, aunque atractivas en el discurso y papel, terminan olvidadas en algún cajón burocrático.
La semana pasada circuló el borrador del informe elaborado por la economista italo-estadounidense Mariana Mazzucato para evaluar el Plan México, la estrategia de política industrial del gobierno federal. Mazzucato ha adquirido notoriedad internacional por su visión sobre el papel que debe desempeñar el Estado como impulsor del desarrollo económico y la innovación.
Un consultor, en principio, tiene la responsabilidad de decirle a su cliente lo que ve, no lo que éste quiere oír. Mazzucato, en su intento por no incomodar a nadie, omite elementos esenciales del contexto económico e institucional que son determinantes para el éxito —o el fracaso— del propio Plan México.
Las omisiones son numerosas.
Primero, recomienda fortalecer la banca de desarrollo, pero no menciona que ésta ha perdido capacidades y relevancia por decisión política del anterior gobierno.
Segundo, propone fortalecer la recaudación tributaria, pero evita reconocer que el deterioro de las finanzas públicas obedece, en buena medida, a la decisión política de expandir de forma acelerada las transferencias sociales sin crear fuentes permanentes de financiamiento.
Tercero, plantea una reforma fiscal basada en medidas que, además de ser potencialmente perjudiciales para la inversión, tendrían un impacto recaudatorio limitado. Sorprendentemente, el documento no aborda las tres principales fuentes de ingresos tributarios del país: el IVA, el ISR y el IEPS.
Cuarto, exhorta a movilizar más crédito hacia la economía sin considerar las limitaciones del marco jurídico e institucional en el que opera la banca.
Quinto, pide incrementar los recursos destinados a la innovación, pero omite señalar que el gasto público en ciencia y tecnología se ha reducido en los últimos años.
Sexto, como señaló ayer mi colega y amigo Jorge Chávez Presa, el informe ignora las aportaciones de economistas mexicanos que durante décadas han estudiado los problemas estructurales del país.
Y la omisión más importante de todas es el silencio respecto al debilitamiento institucional que ha experimentado México en los últimos años. Resulta paradójico proponer un rol más activo del Estado sin reconocer que muchas de las instituciones que podrían ejecutar esa estrategia hoy son más débiles que hace una década.
Mazzucato no está obligada a ser la mayor especialista en cada país que asesora. Pero sí tiene la responsabilidad de entender el contexto político, económico e institucional sobre el cual formula sus recomendaciones. Su documento contiene algunas ideas valiosas. El problema es que omite tantas de las restricciones que enfrenta México que termina pareciendo más un catálogo de buenos deseos que una hoja de ruta viable para elevar el potencial productivo del país.
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