Gabriel García Márquez es un escritor fundamental para mi generación y seguramente para la historia de la literatura. Tres de sus libros están dentro de mis favoritos: Cien años de soledad, Miguel Litin clandestino en Chile y Noticia de un secuestro. Me hace sentir orgulloso de ser latinoamericano y me recuerda que muchos de los grandes escritores se iniciaron o combinaron su actividad creativa con el periodismo.
Hace poco me tropecé de nuevo con una entrevista donde el colombiano universal habla del flagelo de nuestros días y lo hace de la siguiente manera:
“Los periodistas norteamericanos saben todo lo que saben del narcotráfico en Colombia, que es mucho, porque los periodistas colombianos lo han investigado, lo han destapado y muchos de ellos han sacrificado su vida por esas publicaciones.
En cambio, nosotros no sabemos nada de cómo es el narcotráfico dentro de Estados Unidos, porque los periodistas norteamericanos hacen como si ese narcotráfico no existiera.
Y si en Estados Unidos se abastece a 30 millones de drogadictos diariamente, sin ningún incidente, sin ningún problema, como si se fuera a repartir la leche, el pan o el periódico; si se puede abastecer sin incidentes, eso quiere decir que hay unas mafias mucho más poderosas que las de Colombia y una corrupción de las autoridades mucho más importante que la de Colombia.
El problema es que el narcotráfico, la droga como problema, se le salió de las manos a la humanidad. No quiere eso decir que nos vamos a descorazonar y no vamos a seguir luchando, pero no vamos a partir de la base de que se puede acabar con el problema de la droga con fumigaciones de glifosato y con certificaciones de congresos, cuando es un problema que el mundo entero está sufriendo y no puede resolver.
Es como las pestes medievales, que se acabaron cuando se acabaron. De ahí a decir lo que yo vengo pensando desde hace mucho tiempo y he dicho: que lo único que resuelve esto es la legalización, la despenalización de la droga.
Pero hay que tener cuidado con las simplificaciones. Eso no quiere decir que lo vamos a hacer en Colombia y no lo van a hacer en el Perú, y no lo van a hacer… No. Eso solo es posible cuando sea un acuerdo global, total, del mundo entero y sin excepciones, porque, cuando queda una excepción, eso fracasa.
Y es muy difícil que eso se logre, porque los intereses que están comprometidos en el inmenso negocio de la droga son tan grandes y tan altos que muy difícilmente se va a llegar a un acuerdo global”.
El narco nace del voraz consumo de los habitantes de los países desarrollados y de su inmensa capacidad económica para comprar las sustancias. Se alimenta del prohibicionismo y de las asimetrías entre norte y sur. La violencia es consustancial al narcotráfico y escala gracias a las armas que se producen en las naciones “desarrolladas”. Hay impunidad, es cierto, pero la que más pesa es la que se genera en los países consumidores; en ellos es estructural e hipócrita.
El populismo electoral en las potencias genera atractivas ofertas que nunca están relacionadas con las causas; eso ofendería la moral del consumidor. Es más fácil, después de venderles armas, culpar a los explotados de siempre.
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