...

Información para decidir con libertad

Enterrar la verdad

La escena es conocida. El mandatario se baja de su camioneta perfectamente lavada, disfrazado con el traje típico de la región a la que fue de gira, presume cifras imposibles de corroborar, acude a un hospital que ha tenido más inauguraciones que pacientes.

No importan los hechos. Esos estorban cuando se quiere dinamitar la verdad, obligar a las personas a desconfiar hasta de sus propios ojos y que los fundamentos se conviertan en meras opiniones.

Dentro del amplio abanico de técnicas totalitarias destaca la del peligroso coqueteo que busca desaparecer la siempre porosa frontera entre realidad y fantasía, algo que le funciona a la perfección a quien busca mantenerse en el poder como dé lugar.

Un micrófono es el primer ladrillo en el seductor camino que lleva a la destrucción del sistema democrático de pesos y contrapesos. Sus mejores aliados son las cámaras de televisión, las grabadoras de radio y las plumas de los periodistas que magnifican sus mentiras.

Los politólogos Serguéi Guríev y Daniel Treisman creen que Lee Kuan Yew, conocido como el hombre que convirtió a Singapur en una potencia económica, fue el padre de todos esos mandatarios que ahora moldean la tiranía para que ésta pueda pasar desapercibida.

Yew, que gobernó la ciudad-Estado asiática entre 1959 y 1990 como líder del Partido de Acción Popular (PAP), rompió, al menos en parte, con los esquemas clásicos que utilizaban quienes se enamoraron del poder.

De él se dice que dejó de lado el terror y otros estereotipos característicos de las dictaduras de la primera mitad del siglo para darle paso a un nuevo modelo de totalitarismo más peligroso por el disfraz que utiliza.

Su éxito se basa en que, a todas luces, una dictadura no es una dictadura, al igual que la pipa de René Magritte no es una pipa.

Para lograrlo, una de las técnicas del exprimer ministro fue la de dedicarse a proyectar una imagen de competencia extrema, lo que hizo creer al mundo que en su país reinaba una democracia envidiable y convenció a muchos de su apertura.

La realidad, esa que se empeña en liberarse de las cuerdas que la quieren mantener sometida, demostró que el sistema que implantó forzó a todas las personas que querían acceder al poder a competir bajo las siglas del PAP. Quien no estaba en su partido podía olvidarse de gobernar.

Es cierto que existía la oposición, pero ésta servía como una manera de legitimar al gobierno de Yew y no como una forma de traer la alternancia. Ese sueño existía, pero se quedaba en ese otro plano imaginario donde viven las utopías.

Esa misma puesta en escena se repite cada vez más. Ahora cuando el mandatario termina de dar su discurso ante la gente que fue llevada al evento para aclamarlo, sabe que la verdad ya quedó enterrada.

Sabe también que pueden desfilar cifras que contrastan de forma directa con sus palabras, historias reales de personas que padecen las malas decisiones de su gobierno y hasta que lo podrán acusar de mentiroso. No importa, la parálisis social está sembrada.

Eso mismo advirtió la filósofa Hannah Arendt, en 1973, en entrevista con el periodista y escritor francés Roger Errera.

“Si todo el mundo te miente, las consecuencias no son que vas a creer las mentiras, sino que nadie va a creer en nada nunca más”.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp