La cantante denunció el uso bélico de su éxito “Firework” en un video oficial sobre bombardeos en Irán, acusando a Donald Trump de instrumentalizar su música como propaganda de guerra
La cantante denunció el uso bélico de su éxito “Firework” en un video oficial sobre bombardeos en Irán, acusando a Donald Trump de instrumentalizar su música como propaganda de guerra

La polémica estalló en redes y se suma a una larga lista de artistas que rechazan la apropiación de sus obras por parte del gobierno estadounidense: Katy Perry denunció el uso bélico de su éxito “Firework” en un video oficial sobre bombardeos en Irán, acusando a Donald Trump de instrumentalizar su música como propaganda de guerra.
La intérprete de "Teenage Dream "reaccionó con indignación al ver que la cuenta oficial de TikTok de la Casa Blanca difundió un clip de apenas ocho segundos con imágenes de bombardeos en Irán, acompañado de la frase “Irán ha sido advertido” y musicalizado con la estrofa “Boom, boom, boom, even brighter than the Moon” de Firework. Perry escribió en X que se siente “profundamente consternada y enojada” porque nunca autorizó ese uso y porque su canción fue concebida como un himno de esperanza y fortaleza personal, no como banda sonora de la destrucción.
El episodio ocurre en medio de la escalada militar de Estados Unidos contra Irán tras la ruptura del memorando de alto el fuego firmado apenas semanas atrás. La administración Trump ha recurrido a videos virales en TikTok para reforzar su narrativa de “advertencia” y “letalidad”, lo que abre un debate sobre el uso propagandístico de la cultura pop en tiempos de guerra. Perry subrayó que su música “es para unir a la gente, no para celebrar la guerra”, marcando distancia con la estrategia comunicacional de la Casa Blanca.
La protesta de Katy Perry no es aislada. En meses recientes, figuras como ABBA, Beyoncé, Céline Dion, Sabrina Carpenter y Kesha han denunciado que sus canciones fueron utilizadas sin permiso en videos oficiales o de campaña del gobierno estadounidense, algunos vinculados a redadas migratorias o demostraciones de poder militar. La lista de inconformes crece y exhibe un patrón de apropiación cultural que erosiona la relación entre la industria musical y la política de Washington.
La controversia tiene eco en México y América Latina, donde el consumo de contenidos digitales de la Casa Blanca es alto y donde la crítica a la militarización estadounidense suele ser tema de debate político. El caso Perry refuerza la narrativa de que el gobierno de Trump utiliza símbolos culturales globales para legitimar su agenda bélica, lo que abre un flanco de crítica en medios opositores y en la opinión pública regional.
La explosión de Katy Perry contra la Casa Blanca no es un simple berrinche de celebridad: es un recordatorio de cómo la música puede ser manipulada como arma política y de cómo artistas globales están dispuestos a confrontar al poder cuando su obra se convierte en propaganda de guerra. La pregunta que queda abierta es si la Casa Blanca retirará el video o insistirá en su estrategia de apropiación cultural.
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