...

Información para decidir con libertad

HISTORIA: Apuntes sobre historiografía de la clase trabajadora

Fernando Vialli Ávila Campos

El estudio sobre los niveles de vida de los trabajadores ha despertado un gran interés en las últimas décadas. No obstante, tampoco es una novedad en la investigación histórica contemporánea: en Inglaterra, por ejemplo, la historiografía (Eric Hobsbawn, E. P. Thompson et al.) ha analizado cómo la Revolución Industrial impactó tempranamente en las familias obreras, percatándose de que resultaba insuficiente definir la composición social mediante meros indicadores de pobreza. Era necesario construir variables materiales de la vida cotidiana, tales como el oficio, los salarios, la dieta, la canasta básica, los alquileres, el costo de los alimentos y los índices demográficos de natalidad y mortalidad.

Asimismo, sería un error omitir las aportaciones de la tradición francesa encabezada por Frédéric Le Play, quien en 1856 estudió las familias obreras europeas a partir de un método de muestreo estadístico, dividido en 36 regiones, para examinar el bienestar familiar con base en dos factores fundamentales: el trabajo —fuente de sustento y riqueza— y las prestaciones otorgadas para el desempeño laboral. Ambos elementos estaban estrechamente ligados a las instituciones que regulaban tanto los derechos y obligaciones de los trabajadores como las responsabilidades de los patronos.

Además de los trabajadores, la inquietud central de esta historiografía es documentar las condiciones de vida de los sectores pobres y marginados. En nuestro país, existen diversos estudios sobre el gasto familiar de los trabajadores a finales del siglo XIX en la Ciudad de México. Enriqueta Quiroz ha analizado el costo doméstico en hogares con distintos niveles de consumo para reconstruir la vida cotidiana de actores sociales con ingresos diversos. A esta aportación se suma la obra de Lilia Bayardo, quien ha examinado la historia del consumo moderno en la capital entre 1909 y 1970 mediante el análisis del presupuesto familiar. Por su parte, Aurora Gómez-Galvarriato ha revisado los salarios y el costo de los alimentos básicos de los trabajadores de Orizaba, Veracruz, entre 1910 y 1930.

En el ámbito regional, Leonardo Calicchio ha estudiado el costo de vida de los trabajadores en Montevideo y Buenos Aires entre 1907 y 1930. Su punto de partida fue el análisis de las corrientes migratorias y las historias comparadas en un contexto global. Asimismo, cotejó los salarios reales de los trabajadores (pintores, marmolistas, albañiles, carpinteros, mecánicos, choferes, herreros, tapiceros, entre otros) a partir del poder de compra de los sectores productivos, empleando series de precios basadas en canastas de consumo, sin dejar de considerar las variaciones necesarias para costearlas. 

Billy G. Smith, por otro lado, ha analizado los gastos familiares, salarios y costo de vida de las clases populares en Filadelfia, Estados Unidos, entre mediados del siglo XVIII y principios del XIX. Su revisión abarca sectores artesanales y trabajadores como cordobaneros (zapateros), sastres, peones y marineros. El aporte distintivo de su propuesta radica en articular los costos de cuatro necesidades básicas —alimentos, combustible, vivienda y vestimenta— para estructurar un presupuesto familiar representativo. Elaboró series de salarios nominales y reales ajustadas al costo de vida y condiciones económicas de los artesanos, que buscan responder interrogantes como: ¿cómo se traducían los supuestos altos salarios en capacidad adquisitiva?, ¿cómo afectaba la eventualidad del empleo al ingreso familiar?, ¿qué tan cerca del límite de subsistencia vivía la población trabajadora y en qué medida le impactaban las fluctuaciones económicas? 

El enfoque de Smith sirve como marco de referencia para investigar los niveles de vida de los trabajadores urbanos en la Ciudad de México durante el primer tercio del siglo XX, permitiéndonos establecer una relación entre sus ingresos y el consumo de bienes clave. Al hacerlo, surgen hallazgos importantes: la evidencia sugiere una clara discrepancia, frente al optimismo de las cifras oficiales, que constata no una mejora en la calidad de vida de los sectores productivos, sino su deterioro. 

Sin duda, el estudio de los presupuestos populares y las condiciones materiales de vida dista mucho de ser un capítulo cerrado en la historiografía urbana. Al descifrar la complejidad cotidiana de varios trabajadores, se abren vertientes analíticas que invitan a reconsiderar cómo las fluctuaciones del mercado, la precariedad laboral y las redes de solidaridad doméstica reconfiguraron permanentemente el espacio urbano y la propia supervivencia popular en el México de principios del siglo XX.

*Fernando Vialli Ávila Campos. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea del Instituto Mora. Sus principales líneas de investigación son la historia social y laboral, enfocada en artesanos y en los sectores populares de la Ciudad de México de la primera mitad del siglo XX.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp