La frontera norte tiene un problema peculiar: necesitamos que sea cada vez más fácil cruzarla y, al mismo tiempo, mucho más difícil.
Fácil para un tráiler cargado de autopartes, alimentos o productos mexicanos que debe llegar a tiempo a Estados Unidos; difícil para otro que pretenda transportar droga, armas, dinero o mercancía ilegal.
En 2025, el comercio de bienes entre México y Estados Unidos superó los 870 mil millones de dólares, alrededor de 2 mil 400 millones diarios. No podemos cerrar esa puerta. Pero tampoco podemos permitir que el crimen decida quién la abre.
Durante años hablamos de la frontera casi siempre en una sola dirección: de México hacia Estados Unidos iban las drogas y los migrantes. Mucho menos discutimos lo que venía de regreso.
Y viene mucho.
En 2025, la ATF rastreó más de 32 mil armas recuperadas en México. De aquellas cuyo origen pudo establecerse, 71 por ciento provenía de Estados Unidos. La frontera criminal funciona, claramente, en ambos sentidos.
Salen drogas, pero entran armas. Circulan dólares, vehículos, cartuchos, precursores químicos y mercancías ilegales. Detrás de todo ello hay empresas, cuentas bancarias, prestanombres y redes de protección.
Ese cambio de mirada es uno de los aciertos de la actual administración. No porque el problema sea nuevo, sino porque hoy comienza a abordarse con una lógica más amplia: presencia territorial, inteligencia, investigación, aduanas y cooperación con Estados Unidos.
La Operación Frontera Norte comenzó en febrero de 2025, después de una negociación complicada entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump. México desplegó 10 mil integrantes de la Guardia Nacional y Estados Unidos asumió el compromiso de actuar con mayor intensidad contra el tráfico de armas.
Desde entonces, las detenciones y los aseguramientos de armas, cartuchos, drogas, laboratorios, explosivos, vehículos blindados y combustible han permitido dimensionar mejor lo que realmente ocurre en esa franja.
En el sexenio anterior también hubo grandes despliegues. En 2019, cerca de 15 mil elementos fueron enviados al norte, pero buena parte de aquel esfuerzo estuvo orientado a contener la migración después de otra amenaza arancelaria de Trump.
La diferencia está en el enfoque. Entonces, una enorme cantidad de fuerza pública terminó concentrada principalmente en una preocupación estadounidense. Hoy se busca atender también las amenazas que afectan directamente a México: armas, drogas, dinero, organizaciones criminales y redes financieras.
Y aquí aparece otro cambio fundamental: la inteligencia.
La reforma al artículo 21 constitucional fortaleció las facultades de investigación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Puede sonar técnico, pero se entiende con un ejemplo sencillo: ya no basta con detener al chofer del tráiler.
Hay que saber quién compró la mercancía, quién pagó el viaje, quién iba a recibirla, qué empresa utilizaron, dónde quedó el dinero y quiénes integran la organización.
Eso es perseguir redes y no solamente personas.
Lo mismo ocurre con las aduanas. Durante años las pensamos principalmente como lugares de recaudación, cuando también son una pieza de seguridad nacional. La modernización de los cruces y la nueva sede de la Agencia Nacional de Aduanas en Nuevo Laredo responden a esa lógica: agilizar el comercio legal y complicarle el camino al ilegal.
El verdadero reto será que este esfuerzo no termine cuando cambien las presiones de Washington.
México necesita controlar su frontera por razones propias. Porque por esos más de tres mil kilómetros no solamente pasa una de las relaciones comerciales más importantes del mundo; también atraviesan algunas de las principales rutas criminales del continente.
Controlar la frontera no significa cerrarla. Significa saber qué entra, qué sale, quién lo mueve y quién gana dinero con ello.
Durante años Estados Unidos preguntó qué hacía México para evitar que las drogas llegaran a su territorio.
México debería hacerse, con la misma insistencia, la pregunta contraria:
¿qué estamos haciendo para evitar que aquello que fortalece a nuestros criminales entre al nuestro?
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