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Las cosas por su nombre, aunque duela…

Madrid.- En México hemos permitido -erráticamente- a nuestras autoridades muchas acciones y omisiones que ninguna sociedad democrática debiera permitir.

Lo visto durante el numerito denominado “2do Informe de Gobierno” de la señora Sheinbaum no fue otra cosa que la puesta en escena del acto de mentira y cinismo más grande en la historia de México.

La eterna defensora del “narcobradorato” presentó un país inexistente, fantástico e inigualable sobre la faz de la Tierra. Su voz fue incapaz de pronunciar una sana autocrítica. Fue un discurso pobre, ramplón e hipercursi que presume haber convertido el amor en política pública, pero que es incapaz de expresar una solidaridad mínima con las víctimas de la brutal violencia que vive y padece nuestra adolorida nación.

La máxima exponente del “narcosheinbanismo” no tuvo reparo alguno en materia de cinismo cuando nos anunció que su gobierno no ha adquirido vehículos de lujo ni destinado recursos a gastos innecesarios. Me imagino que las lujosas y costosísimas camionetas blindadas usadas por sus colaboradores son producto de mi imaginación. La sra. Sheinbaum dice que antaño los recursos públicos se usaban para excentricidades y lujos, y que eso terminó con la 4T. La realidad ha mostrado el uso frecuente de aviones privados; los viajes a Tokio, EU y Europa; las mansiones, los relojes de lujo y los vergonzosos excesos de vida de muchísimos funcionarios de la autodenominada cuarta transformación. Delirante y cínico el discursito presidencial, por decir lo menos.

En su informe, nos habló (por milésima vez) del Tren Maya, pero evitó mencionar las inmensas pérdidas diarias; los actos de corrupción en su construcción; los daños medioambientales de ese capricho lopezobradorista; los subsidios permanentes y los descarrilamientos frecuentes. Un absurdo trenecito que no ha detonado crecimiento económico alguno ni el turismo como se prometió. Delirante…

Nos habló de Mexicana de Aviación, pero evitó hablar del derroche irresponsable de recursos públicos para su cotidiana operación.

Nuevamente reiteró cínicamente la falaz productividad de la refinería de Dos Bocas, pero evitó hablar de que PEMEX es una petrolera con multimillonarias pérdidas diarias que resultan un brutal lastre para la economía nacional.

Al abordar el tema de seguridad, la primera mujer presidenta de la República, comandanta suprema de las Fuerzas Armadas y, paradójicamente, líder del “Cártel del Zócalo”, cifró en un muy dudoso 51% la disminución de los homicidios dolosos. No habló del delito de extorsión, del secuestro, de la desaparición forzada o del cobro por “derecho de piso”.  Esos delitos para ella son inexistentes. Y ni que decir de la protección absoluta que ha proporcionado a muchos narcopolíticos reclamados por la justicia norteamericana, pretextando la “soberanía nacional” como sinónimo perfecto de su complicidad criminal. Sus narcoamiguitos gozando de su protección en libertad, mientras mantiene (sin el debido proceso) en un penal de alta seguridad a Ernesto Ruffo, preso político de esta mafiosa administración.

En materia democrática, habrá que recordar que la sra. Sheinbaum y su “narcogobierno” nunca se han sentado a platicar con la oposición. Nunca, pero en su “pseudoinforme” presumió que en México "sabemos dialogar y nos entendemos como un país democrático".

En materia económica, la doctora Sheinbaum (especializada en la construcción estufas de leña) aseguró que no se ha endeudado al país, siendo que el nivel de endeudamiento mexicano es ya subrayado por las más importantes instancias económicas internacionales y que los bonos mexicanos ya están siendo considerados como “basura”.

No podemos ni debemos callar. El vergonzoso Informe de Gobierno que escenificó la sra. Sheinbaum fue una oda a la mentira, un poema a la desfachatez y un himno a su indiscutible nivel de orfandad. Ya basta.

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