...

Información para decidir con libertad

¿Por qué el desprecio, presidenta?

Culiacán, Sin.- Insistir en lo catastrófico de la situación de Sinaloa resulta ya innecesario y redundante. Los números hablan por sí solos: en los dos últimos años se han registrado 3 mil 724 asesinatos, 4 mil 303 personas desaparecidas, 12 mil 257 vehículos robados; han cerrado 5 mil empresas y se han perdido 27 mil empleos.

Ante esta tragedia, el gobierno federal deja pasar, una y otra vez, las oportunidades para mostrar sensibilidad, solidaridad y compromiso con Sinaloa. Lo que debería ser atención de Estado parece convertirse, para millones de sinaloenses, en indiferencia.

El informe de la presidenta debería ser, ante todo, un ejercicio transparente de rendición de cuentas que permita a los mexicanos evaluar el uso de los recursos públicos y conocer el avance real del país. Debiera mostrar, con datos claros, lo que se ha logrado y los problemas que aún permanecen sin resolver. Solo así la sociedad puede exigir resultados, señalar fallas y pedir correcciones, fortaleciendo la confianza entre ciudadanía e instituciones.

Sinaloa vive una situación excepcional. Por ello, no habría mejor momento que un informe de gobierno para anunciar un verdadero programa de rescate de la entidad: una estrategia extraordinaria para los 3.21 millones de sinaloenses que permita enfrentar no solamente la violencia, sino también el profundo deterioro económico que, de no corregirse, podría tardar más de una década en superarse.

No quisiera pensar que los 2 millones 358 mil 531 ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores, equivalentes a 2.32% de la lista nominal nacional, sean considerados insuficientes para merecer una respuesta federal a la altura de la tragedia que estamos viviendo.

El gobierno federal ha eliminado diversos programas de apoyo al campo, financiamiento rural y atención a emergencias que afectaban directamente la economía y la producción de Sinaloa.

Se eliminaron programas de comercialización como Aserca, que contribuían a garantizar precios y ordenar el mercado de granos fundamentales para el estado, como el maíz y el trigo.

También desapareció el seguro catastrófico agrícola, que protegía las cosechas frente a fenómenos como sequías, heladas y ciclones. Y se cerró la Financiera Nacional de Desarrollo, antes Financiera Rural, que otorgaba crédito en condiciones accesibles a pequeños y medianos productores del sector rural.

El problema es que vuelven políticas que desincentivan los cultivos y la productividad, mientras regresa el enfoque asistencialista, que puede aliviar necesidades inmediatas, pero no necesariamente genera mayor producción.

Lo que México necesita es producir más. Necesita agricultores con financiamiento, certidumbre, infraestructura y mercados; no solamente discursos ni consignas, aunque sean tan populares como aquella de “sin maíz no hay país”.

Quizá el mayor síntoma de este desprecio sea la selección de los personajes políticos que la Federación ha decidido apoyar para gobernar Sinaloa. El problema no es solamente quién ocupa el poder, sino de dónde proviene. Los gobernantes elegidos forman parte de la misma matriz política que, para muchos sinaloenses, ha contribuido a conducirnos hasta la crisis actual.

En Sinaloa hay hombres y mujeres de valía indiscutible. Sin embargo, ni siquiera parece haberse hecho el esfuerzo de realizar un diagnóstico serio, identificar capacidades y construir un perfil de quien pueda convocar a la sociedad sinaloense a una gran cruzada por el rescate de la entidad.

Presidenta: ¿por qué el desprecio?

Usted tiene a su lado a un sinaloense, quizá desarraigado, pero que en sus raíces y en su sangre lleva el espíritu de esta tierra de pitahayas. Ojalá no solamente la acompañara a ver los partidos de futbol; ojalá también pudiera hablarle de Sinaloa, de su gente, de sus tragedias y de su enorme capacidad para salir adelante.

Porque Sinaloa no está pidiendo privilegios. Está pidiendo que lo miren.

No reclama un trato especial, sino una respuesta excepcional ante una circunstancia excepcional. No pide discursos: exige resultados. No quiere dádivas: necesita oportunidades. No busca culpables eternamente: necesita un gobierno que asuma su responsabilidad.

Presidenta, la historia no juzga solamente a quienes provocan las tragedias; también termina juzgando a quienes, pudiendo evitarlas o aliviar sus consecuencias, decidieron mirar hacia otro lado.

Sinaloa todavía espera que usted decida de qué lado de esa historia quiere estar.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp