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Inteligencia artificial y desempleo

El pasado 26 de agosto, el magnate Bill Gates, dueño de Microsoft, sorprendió al mundo al advertir que la inteligencia artificial (IA) representa una gran amenaza para los empleos y la vida humana. Por ello, propone que la atención a este problema “debería ser la principal prioridad del mundo”. Su llamado no quedó ahí, porque además se comprometió públicamente a utilizar todo su tiempo, a partir de ahora, para proteger el empleo humano.

La sorpresa se deriva de que él es cofundador de Microsoft, la cuarta empresa mundial asociada a la IA; es decir, una de las principales organizaciones ‘destructoras de empleos’ y que lo ha convertido en miembro del grupo de multimillonarios denominados Los siete magníficos[1] en Wall Street. Pero el filantropismo de Gates es bien conocido desde hace décadas. Actualmente planea donar 300 mil millones de dólares (99% de su fortuna) a causas nobles en todo el mundo, a través de su fundación. Por ello, se reconoce que sus propuestas no están exentas de verdad. Entre las soluciones que sugiere para proteger la sobrevivencia humana está la distribución de un ingreso universal (IU), obtenido mediante nuevos impuestos a las compañías asociadas a la IA.

La IA ya está fuera de los centros de datos y se ha convertido en parte de nuestro entorno. A principios de agosto, se abrió una cafetería en Beijing, la capital de China, que opera 24 horas. Su personal es un robot autónomo que recibe los pedidos ordenandos desde las tabletas del restaurant, y es capaz de servir y enviar 202 tazas de café en una hora, batiendo así el récord Guinness. También en China, acaba de concluir la Segunda Competencia Mundial de Humanoides (agosto 22-26), en diversas disciplinas deportivas, y también se rompieron algunos récords olímpicos.

Por otra parte, la empresa Amazon cuenta ya con un millón de robots en sus centros mundiales de almacenamiento. Dichos robots trabajan siete días por semana las 24 horas, sin demandar sindicalización, salario, vacaciones, permisos por enfermedad, y los indispensables ciclos de alimentación, descanso y sueño. A los robots se aúnan las casas y objetos ‘inteligentes’. Por eso se antoja preguntar: ¿cuántos empleos ya se han sustraído o simplemente no se crearán debido a esta irrupción de la IA?

Comentarios

La idea del ingreso universal no es nueva. El Comité de la Triple Revolución propuso al presidente Lyndon Johnson, el 22 de marzo de 1964, que estableciera el Derecho al Ingreso, previendo un escenario de despidos masivos que ocurriría al desarrollarse una “cibernación”. No tuvo éxito. Tras el surgimiento de ChatGPT, en  2022, y demás sistemas de IA, el PNUD, la OIT y la OCDE[2] realizaron estudios sobre la conveniencia de adoptar el IMU[3] y concluyeron que no es el camino más conveniente, porque el apoyo (empleo, seguridad social, vivienda, educación) debe ir más allá de la mera entrega regular de efectivo, y enfocarse en los grupos vulnerables. Una propuesta integral, aunque carente de mecanismos operativos más allá del voluntariado de la Iglesia católica, es la del papa León XIV, en su encíclica Magnífica Humanitas, ya reseñada en este diario.

Sería deseable que la iniciativa de Gates tuviese una sombrilla más amplia para atender los numerosos efectos negativos derivados de la IA, y no solamente el desempleo (v.gr. extraccionismo, individualismo, problemas cognitivos, pedagógicos, psicológicos socioculturales, económicos, políticos, jurídicos y ambientales). El espacio para sostener “lo humano” y la biósfera, ya es demasiado estrecho.


[1] Michael Harnett tomó prestado ese nombre de la película de John Sturges, estrenada en 1960.

[2] PNUD son las siglas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, OIT corresponden a la Organicacion Internacional del Trabajo y OCDE es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

[3] IMU son las siglas de Ingreso Mínimo Universal; IU se refiere a Ingreso Universal.

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