Esta semana tuve la oportunidad de asistir a un evento sobre un tema de gran importancia para la movilidad social: cómo generar mayores oportunidades para quienes no tienen una carrera universitaria. Lo coordinó CLAP, una organización que desarrolla programas y centros comunitarios de aprendizaje para adolescentes y jóvenes de zonas vulnerables de México[1]. Participaron servidores públicos, organizaciones sociales, académicos y jóvenes sin estudios universitarios.
¿Por qué es relevante? Porque en México el 77.8% de las personas de 25 a 64 años no ha completado estudios de educación superior[2]. Estamos hablando de la gran mayoría de los adultos del país.
Sin duda necesitamos incrementar la cobertura universitaria de calidad, pero no podemos esperar a que eso suceda. Para ampliar las oportunidades y mejorar la baja movilidad social del país necesitamos muchas más escaleras de ascenso que sólo una carrera universitaria.
Pero tenemos un problema adicional: para cubrir la demanda de lugares en la universidad, han proliferado desde hace años instituciones privadas y públicas con calidades muy distintas. En algunas, el aprendizaje de los alumnos es deficiente, como se discutió en el evento a partir de análisis de CLAP. Por tanto, si antes tener un título universitario se veía como una muestra de que la persona tenía los conocimientos necesarios de su carrera, hoy sabemos que un título no siempre garantiza las habilidades que demanda el mercado laboral.
El reto es por tanto triple: las empresas piden título universitario para muchas vacantes, incluso para puestos que no lo necesitan, pues suponen que ese título informa bien sobre los conocimientos de las personas; por otro, algunos alumnos dedican muchos años a terminar una carrera en la cual no siempre aprenden lo necesario; finalmente, quien no tiene un título universitario sufre doble, pues no es aceptado en varios puestos y tampoco tiene una forma sencilla de demostrar las habilidades que ha adquirido fuera de la universidad.
Necesitamos buenas universidades, pero también formación técnica de calidad, así como habilidades específicas para el mercado, que no tengan que pasar por las universidades. Se necesitan también mecanismos sencillos y poco costosos para demostrar habilidades más allá de los títulos. El CONALEP y los CECATI son parte de la respuesta, aunque requieren apoyo presupuestal y mayor vinculación con las empresas mediante educación dual: escuela y empresa.
También hay que fortalecer la certificación de competencias. Una persona debería poder demostrar lo que sabe hacer, aunque lo haya aprendido trabajando, en cursos cortos o por su cuenta. Ya existe el CONOCER, que podría ayudar a que estas certificaciones sean confiables, accesibles y valoradas por las empresas.
Jóvenes Construyendo el Futuro es otra respuesta parcial: ofrece capacitación laboral, pero no le pone énfasis a concluir la educación media superior y no cuenta con certificados claros. Conviene vincular mejor capacitación, continuidad educativa y certificación.
Los esfuerzos están ahí, pero también están ahí millones de personas sin universidad que enfrentan empleos poco dignos. México necesita mejores universidades y mayor acceso a ellas, pero no puede ser ésa la única escalera de movilidad social. Necesitamos más caminos para aprender, demostrar lo aprendido y progresar en el trabajo, con o sin título universitario.
[2] OCDE (2026), Education at a Glance 2026, indicador A1. Educación terciaria completa.
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