La caída de Guadalupe Taddei del INE se decidió el día en que entró a participar en la sucesión presidencial en favor de Clara Brugada.
Hay otros motivos, pero el decoro y la probidad no están entre ellos.
El gobierno le tenía, como a muchos, un expediente acumulado de su grosera corrupción que data de tiempo atrás.
Latinus, desde hace seis meses, mostró los contratos del INE de Taddei al empresario corruptor.
Lilly Téllez, el 11 de septiembre de 2025, pidió la comparecencia de Taddei en el Senado por haber otorgado, cuando dirigió el órgano electoral en Sonora, contratos de arrendamiento que favorecían a la familia del gobernador Alfonso Durazo, su impulsor y protector.
Y apenas ahora se activaron los motores de la justicia.
Taddei se le cruzó en el camino a la presidenta Sheinbaum con un tema delicado que aún no es tiempo de abrirse en el heterogéneo grupo gobernante.
Guadalupe Taddei le cambió los colores al INE y pintó emblemas y propaganda con el color lila de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
La presidenta manifestó su extrañeza con el cambio, que era un descarado paso al frente de Guadalupe Taddei en la campaña de Clara Brugada con miras a 2030.
Como siempre, la elección está demasiado lejos para el presidente en turno y demasiado cerca para los aspirantes a ocupar su sitio.
Los golpes son bajo la mesa. Los aciertos se presumen cuando se comparten con el presidente en turno. No es priismo, sino sentido común en la política mexicana.
Así le fue a Taddei, exhibida en toda su vulgar frivolidad por el águila que no dejó pasar el ninguneo de una empleada suya, como es la presidenta del INE.
Nada tuvo que ver la corrupción de Taddei como causa de su remoción, sino que falló en aquello a lo que los actuales gobernantes dan 90 por ciento de importancia: la lealtad.
Se trata de un pleito al interior de la familia gobernante, que tuvo que cortarse por lo más frágil en la biografía de la presidenta del INE, que es su descarada corrupción.
En otros casos la presidenta no ha tenido ningún problema en tolerar a bandidos en el gobierno y en su partido.
La FGR no toca a los gobernadores socios del narco y, ellos sí, traidores a la patria.
No toca al exdirector de Segalmex, a los exdirectores de Pemex en su gobierno y en el anterior, a secretarios de Estado que cargaron maletas de dinero proveniente del huachicol fiscal, entre muchos otros ejemplos.
Perredistas, priistas y panistas que cambiaron de bando y se pasaron a Morena recibieron el perdón por sus delitos.
Taddei hubiera podido combinar corrupción en el INE y disciplina, sin problemas, pero entró a todo galope a la sucesión.
Sheinbaum no puede permitir que la desborden dentro de su partido de manera tan anticipada.
Ella va a dar la voz de arranque y al final vaya uno a saber qué suceda entre las tribus, pero esa es otra historia.
Taddei está en desgracia porque olvidó que el INE, desde su desdichado nombramiento, es una dependencia del Poder Ejecutivo.
A la empleada Taddei la corren porque dejó de ser confiable.
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