La crisis puede ser una oportunidad. Está en manos de los diputados corregir, aunque sea en parte, el rumbo por el que ahora marcha el INE.
Tendrán en sus manos propiciar que el relevo de Guadalupe Taddei sea una persona que merezca el respeto y la confianza de todas las fuerzas políticas.
La propia ley define los pasos a seguir y, si se hacen las cosas apegándose a esas disposiciones, puede salir todo de la forma adecuada.
Lo primero, por supuesto, es que se nombre un Comité Técnico (CT) que propicie la confianza de que los perfiles de quienes se inscriban serán evaluados por sus méritos y sin sesgo alguno.
Ahí aparece el primer escollo, ya que son cinco integrantes del CT, de los cuales tres son propuestos por la Junta de Coordinación Política y dos por la CNDH. En el pasado participaba también el Inai, pero dejó de existir.
Los diputados, y en particular el coordinador de Morena, Ricardo Monreal, pueden actuar con sensatez —si no reciben instrucción en contrario—, pero es casi imposible que Rosario Piedra postule perfiles decorosos, de ahí que la operación política sea más que relevante, para evitar que arruine el procedimiento.
Después vendrá otro reto, el de definir, entre los que se postulen, la candidatura a presidir el INE que cuente con conocimiento y trayectoria profesional intachable, para que logre el consenso de las fuerzas políticas.
Se requerirá liderazgo para lo que viene, ya que se necesitarán indagatorias de profundidad y cambios en las áreas más relevantes, para evitar que se repita lo que ya ocurrió: contratos controvertidos y cargados de sospechas.
De ahí que quien presida el consejo deba contar con una fuerza moral suficiente para darle una conducción que se base en la independencia, la libertad y la certeza, que son los principios que rigen, o deberían hacerlo, en el INE.
Parece ingenuo apelar a la sensatez, pero la coyuntura obliga, y en Palacio Nacional ya conocen las consecuencias de nombramientos por tómbola y afinidades con la 4T.
También puede ocurrir, y hay altas probabilidades de ello, que se opte por afianzar el control con la llegada de alguien incondicional. Hay múltiples incentivos para ello, pero terminará por ser un búmeran.
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