Andrea S. Chávez
A mediados de marzo de este año, el comisionado de Bellas Artes de los Estados Unidos, Rodney Mims Cook Jr., anunció que se llevarían a cabo renovaciones en la Casa Blanca. Dicha propuesta contemplaba, entre otros trabajos, la sustitución de una hilera de columnas jónicas que enmarcan la entrada principal de la residencia oficial por columnas corintias. La propuesta de Cook responde a la orden ejecutiva firmada por Trump en agosto de 2025: Making Architecture Beautiful Again, la cual propone la arquitectura clásica de Grecia y Roma como la principal y única protagonista de los edificios públicos federales.
Creadas durante el periodo clásico de la antigua Grecia (siglos VII y VI a.C.), las columnas jónicas añadieron al capitel un adorno de volutas a los lados, restando así robustez y pesadez al órden dórico que es mucho más austero. Siglos después, las columnas corintias, del periodo helenístico griego, fueron retomadas por el Imperio Romano y llegaron a convertirse en el orden predilecto de sus edificios públicos como templos, foros y basílicas. Resulta entonces pertinente preguntarse: ¿por qué, de entres estos tres órdenes, se eligió el corintio para reemplazar el preexistente jónico?
El orden corintio se suele considerar uno de los más lujosos, por lo que no sorprende que también haya sido usado en Mar-a-Lago, otra de las residencias de Trump. El neoclasicismo tardío ha sido el lenguaje favorito para algunos autoritarismos por su escala grandilocuente, subordinación espacial hacia un punto, y porque invocar a Grecia y Roma representa la aspiración de trazar, de alguna manera, una genealogía a lo que se concibe como “fundación de la civilización de Occidente”.
Así lo entendió Albert Speer al diseñar la arquitectura del Tercer Reich. Mussolini lo tradujo en los arcos y columnatas de la Esposizione Universale Roma. En estos casos, la arquitectura no fue ornamento sino argumento: la piedra como propaganda. Regresando al presente, en palabras del propio Cook: “El orden corintio es el más elevado [de columnas], y es el que tienen nuestras otras dos ramas del gobierno [el Capitolio y la Suprema Corte]. Declaró después el propio Cook al Washington Post: “No logro entender por qué la Casa Blanca no las utilizó desde un principio [...].
La propuesta de reemplazar el orden de las columnas de la Casa Blanca fue recibida con críticas entre los defensores más conservadores del clasicismo. Por ejemplo, el profesor Steven Semes denunció el desapego a los principios de arquitectura renacentista de la remodelación del salón de baile de la residencia oficial porque destruyen la relación equilibrada entre la Casa Blanca original y sus dos alas. Semes señala la destrucción del patrimonio arquitectónico y de monumentos históricos bajo la falsa premisa de un canon clásico.
Mientras el manifiesto Making Federal Architecture Beautiful Again insiste en que la arquitectura federal debe servir al pueblo estadounidense, en realidad las propuestas de renovación arquitectónica suenan más a un capricho estético convertido en escenario de representación política.
Alterar el diseño arquitectónico de la Casa Blanca no representa modernizarla, ni dotarla de elementos clásicos porque James Hoban ya la concibió como un edificio neoclásico. Lo que sí expone es que las propuestas de renovaciones borran su continuidad material bajo una instrumentalización política del patrimonio. A la fecha, la casa presidencial sólo ha confirmado que las columnas del pórtico norte reciben trabajos de restauración de rutina, sin que esto incluya un cambio en su diseño.
Hace un par de meses una amiga mandó a un chat grupal una foto con una dinámica interesante. Elegir con cuál columna te casas, con cuál tienes sexo y a cuál matas (fuck, marry, kill). Entre risas disfrutamos el debate de la elección ajena, así como de la propia. Tal parece que, bajo el régimen estético del presidente Trump, los órdenes dóricos y jónicos están condenados a morir. La Casa Blanca sólo parece dispuesta a casarse con el corintio.
Andrea S. Chávez. Historiadora del arte y antropóloga urbana. Su trabajo explora las relaciones entre arquitectura, ciudad, patrimonio y memoria desde una perspectiva crítica. Escribe sobre cultura visual, espacio público y las formas en que habitamos el territorio.
@Andrea_Vez
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