María Fernanda Marín
Los más interesantes modos de ver una obra artística me los han ofrecido los escritores, desde la ficción. Al igual que los mayúsculos trabajos de historiadores del arte, como Ernst H. Gombrich, Roszika Parker o Griselda Pollock, las escrituras que más aportan a las artes visuales comparten más características con la narrativa que con el ensayo. A los textos curatoriales de las exposiciones y a la crítica, a menudo les hace falta la sencillez y claridad de los buenos relatos. A veces también les sobran conceptos y argumentaciones, más útiles para el posicionamiento de los artistas en su campo, la investigación académica y la teoría. Me atrae menos el debate intelectual sobre una obra que su comprensión cabal, que necesariamente pasa por la experiencia humana. En este terreno, considero que la novela tiene mucho más que enseñarnos: sus historias son necesarias para que el arte nos muestre toda su potencia, para que las imágenes permanezcan vivas y operantes en nuestra memoria y cotidianidad.
Hace unos meses, Zadie Smith me reveló todo lo que tenía que saber sobre Rembrandt en Sobre la belleza, publicada en 2005. Antes de leerla, no tenía claro de dónde provenía la fuerza emotiva del artista. Smith consiguió entreverar las pinturas y los dibujos del neerlandés con el plano más mundano de las relaciones personales, para así devolverlas a la vida, con actualidad. En una campus novel dos académicos enfrentados, sus familias y estudiantes se enredan tanto en discusiones teóricas sobre arte, como en amoríos y amistades desafiantes.
Con una preferencia por la oralidad, Smith construye voces y sensibilidades muy distintas entre sí, la mayoría con algo que decir sobre el Réquiem de Mozart, una copia de Edward Hopper en una boutique o un jam de poesía. El goce estético está en el centro de una variedad notable de registros, a veces un tanto abrumadora. A esto se suman varios hilos, no demasiado disruptores de la novelística tradicional, que se conectan en la trama: la adoración que una madre al borde de la muerte siente por un óleo, Maitresse Erzulie de Hector Hyppolite; los enamoramientos no correspondidos entre jóvenes con clases de arte y poesía en una universidad en Boston; y la irreverencia de un chico de clase trabajadora que se busca la vida como rapero y conocedor del hip-hop.
Pero las interacciones más sustanciosas de la novela se dan entre Kiki y Howard Belsey, quienes atraviesan una crisis matrimonial. El marido se consagra como el principal detractor del genio de Rembrandt porque lo considera un artesano competente y subyugado al poder económico. Por ello, exalta el arte conceptual en lugar de, por ejemplo, Los síndicos del gremio de los pañeros (1662). Poco a poco, su carrera se viene abajo por una serie de decisiones éticamente cuestionables, guiadas por el deseo y un juicio por demás rígido. Los argumentos más convincentes en su contra no provienen de su rival académico Monty Kipps, un especialista en Rembrandt y cristiano conservador, sino de su esposa Kiki, una enfermera de inteligencia prosaica. Se trata de una suerte de encarnación de la Mujer bañándose en un río (1654), muy probablemente Hendrickje Stoffels, compañera de Rembrandt tras la muerte de su esposa.
Sobre la belleza presenta episodios y personajes con claroscuros, algo estimulante en nuestra época de anquilosamientos ideológicos. Además, introduce una idea de belleza integral, de profundidad psicológica y físicos imperfectos, presente en los retratos de Rembrandt. Sus páginas igualmente pueden leerse como un desafío para algunos lugares comunes del arte contemporáneo, que ponen en duda valores como el virtuosismo técnico y la originalidad. Esto no significa que la autora sea ciega a la necesaria politización de las artes, pues confronta el género, la raza y la exclusión social sin hacer uso del lenguaje teórico en franco desgaste. Smith consigue una novela atemporal y abarcadora sobre la belleza en el arte y las relaciones humanas, que parte de resucitar a uno de los grandes maestros.
*María Fernanda Marín. Curadora, escritora y editora de arte. Ha colaborado en medios como la Revista de la Universidad de México y Nexos, además de coordinar exposiciones para el MUNAL, el Museo Franz Mayer y el Estudio Pedro Friedeberg.
@marifermargar
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