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¿Cómo vamos a salir de esta guerra?

El principal problema de México es la inseguridad. El gobierno de Claudia Sheinbaum recién mostró cifras esperanzadoras sobre la disminución de la criminalidad. Desgraciadamente no son cifras creíbles. Para aparentar una disminución de los secuestros y homicidios las fiscalías locales reclasifican los delitos, disminuye el número de muertos, pero crece el de desaparecidos. Un simple juego malabar de números para tranquilizar a los fieles. Según el INEGI, la percepción ciudadana de la inseguridad (abril 2026) es de 61.5%. De las 25 ciudades más peligrosas del mundo (febrero 2026) México aporta 11 a la lista. Las cifras gubernamentales no cuadran con la realidad. 

Felipe Calderón militarizó la lucha contra la delincuencia, empeorando la situación. Basta un ejemplo: en 2007 se registraron en Ciudad Juárez 192 ejecuciones, en 2008 –luego de la llegada de 2 mil 500 soldados— la cifra pasó a mil 589. Por ese motivo López Obrador prometía en campaña, con tal de llegar al poder, que regresaría a los militares a sus cuarteles. Hizo todo lo contrario. Militarizó la seguridad pública e incorporó esos cambios en la Constitución. Como algunos ministros de la Suprema Corte se opusieron a esos cambios, se terminó por despedir a todos los ministros de la Corte y por sustituirlos, mediante un proceso fraudulento apoyado por acordeones, por acólitos de Morena. El resultado de esa militarización: 200 mil muertos en el sexenio de López Obrador, el más alto en la historia mexicana en un siglo. Aumentaron en su gobierno los asesinatos, las desapariciones y lo secuestros.

La inseguridad fue uno de los mayores problemas que López Obrador heredó a Sheinbaum. Como Omar García Harfuch no pudo ser jefe de Gobierno de la Ciudad de México, por el veto de López Obrador, Claudia Sheinbaum lo convirtió en secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Su principal preocupación es la de convertirse en el próximo presidente de México. Para lograrlo tiene que disminuir los índices delictivos. Lo está logrando a base de manipular las cifras. Lo importante no es bajar la criminalidad sino dar la apariencia de que lo está logrando.

La impunidad. La corrupción. La militarización de la seguridad pública. La complicidad del gobierno con el crimen organizado. Son elementos que, sumados, nos convierten en un país inseguro. Hay carreteras que se han vuelto intransitables. Hay estados dominados por la delincuencia, como Michoacán y Guerrero. Hay estados en situación permanente de combate entre facciones del narcotráfico (Sinaloa). El Estado mexicano está rebasado por la delincuencia. No ayuda que encima tengamos la presión de un vecino abusivo que quiere remediar las cosas con más violencia. ¿Hasta donde seremos los mexicanos capaces de llegar con tal de que se termine esta guerra civil que nos consume? Desde que se comenzó la guerra contra las drogas en 2006 han muerto más de 600 mil mexicanos.

El Salvador pasó de ser uno de los países más peligrosos del mundo al más seguro del continente. Lo consiguió a base de una constante violación de los derechos humanos.

¿Qué tendremos que ceder los mexicanos para alcanzar la paz? ¿Firmar acuerdos con Estados Unidos para la creación de una fuerza conjunta para combatir a los cárteles? ¿Un sistema de justicia transicional? ¿Tendrá que sacrificarse la protección de los derechos humanos? ¿Convertirnos en una dictadura de facto como El Salvador?

Podrá el gobierno maquillar y manipular las cifras, pero la violencia no se detendrá mientras exista un pacto entre el gobierno y el crimen organizado. López Obrador y sus viajes a Badiraguato. Adán Augusto y su relación con "La Barredora". El huachicol fiscal. El apoyo del narco a las campañas de Morena. A ese pacto me refiero.   

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