Daniela Martínez
El método es tan importante como el objetivo, sin importar la disciplina de la que se trate. En la danza existen diferentes enfoques de enseñanza desde los cuales es posible transmitir el conocimiento a las bailarinas. En cada estilo de danza puede variar el enfoque de enseñanza de acuerdo con el docente, el estilo y la corriente que se busque expresar; por ello, al existir variedad metodológica, surge la duda sobre la utilidad de cada método y si el enfoque de enseñanza influye en la sustancia y técnica de la danza (sobre estos dos conceptos he discurrido en mi entrega pasada).
Los enfoques principales de enseñanza dancística son el tradicional, el experimental, el constructivista, el somático y el sociocultural. Los objetivos y aplicaciones de cada enfoque son diferentes y, aunque en el mismo estilo de danza pueden coexistir más de un enfoque, los resultados en el escenario son distintos, ya que el acercamiento y la comprensión del movimiento son abordados de diferente forma por las alumnas.
El enfoque tradicional tiene como principio la precisión técnica y estética. Su método se basa en la imitación, la repetición sistemática de secuencias y el ensayo crónico con el fin de acercarse a la esencia más purista de la danza, por lo que no existe mucha apertura a nuevas tendencias. Por su parte, el enfoque experimental tiene una apertura enorme a la innovación, ya que su base pedagógica estimula la autoexpresión y la apropiación espacial. De igual forma, el enfoque experimental facilita la improvisación y la exploración de la conciencia corporal como medio de proyección.
Por otro lado, el enfoque constructivista busca crear un diálogo crítico a través del contacto con otros para construir figuras. El aprendizaje del enfoque constructivista tiene como propósito fomentar la composición a través del pensamiento crítico y la adaptación al cambio para la creación. En cuanto al enfoque somático, la pedagogía se aparta de los estándares estéticos y busca la conexión neuromuscular a través de la autopercepción de la movilidad. Su finalidad es permitir la expresión considerando las limitaciones corporales de los bailarines para construir un producto dancístico sin exigencia física peligrosa.
Por último, el enfoque sociocultural de enseñanza se basa en heredar la cultura a través del baile con el objetivo de preservar la memoria histórica y crear canales comunitarios desligados del puritanismo estético. En este enfoque es indispensable que el docente una la funcionalidad de la danza con el contexto cultural; cosa difícil, pues es imposible descartar el enfoque de enseñanza en todos los estilos dancísticos, ya que la esencia principal de la disciplina es transmitir mensajes y, si es posible, proyectar sentimientos.
Debido a las diferencias pedagógicas de cada enfoque, es posible que, aunque las bailarinas bailen la misma pieza, su técnica, proyección y conexión temática sean completamente distantes de las de otros bailarines cultivados en un enfoque distinto. Aunque la sustancia y la técnica no se ven comprometidas si se prefiere un enfoque sobre otro, la proyección y el resultado final son distintos.
De igual forma, la elección metodológica puede transformar el acercamiento de las bailarinas a la danza, su autopercepción y su posterior reconocimiento dentro del sector; es decir, elegir un enfoque puede cambiar radicalmente la concepción de las bailarinas sobre qué es la danza, cómo se baila, para qué se baila, para quién se baila y su significado. Por ejemplo, una bailarina formada bajo un enfoque tradicional puede concebir incorrecta o desagradable la ejecución de otra bailarina formada con un enfoque experimental y, aunque ambas logren transmitir mensajes y sentimientos en el escenario, son lenguajes distintos, pero igual de válidos.
En conclusión, es imposible absolutizar los enfoques de enseñanza dancística de manera utilitaria, ya que la pluralidad es aquello que nos permite disfrutar de diferentes formas la misma pieza y hacer el arte accesible para todos. Abordar desde múltiples trincheras la misma obra nos permite enriquecer la visión personal y más adelante construir en conjunto un nuevo producto. De igual forma, quienes experimentan otros enfoques, tras enfrentarse a la incomodidad de lo desconocido, complementan su cercanía a la danza e influyen en la sustancia de la obra.
*Daniela Martínez. Politóloga y bailarina de Ori Tahiti galardonada en competencias nacionales. Defensora de la diversidad corporal y la apropiación del espacio.
@DannRedhead
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