Said “Musgo en el arte” Soberanes
Después de leer mis participaciones en esta columna, he reconocido en la memoria dancística tres artistas que dan fluidez a mis complejidades. Las tres miran la danza como algo más que un objeto de exhibición escénica. Las precursoras no necesitan tener muchas cosas en común antes de uno mismo: ir al archivo del arte sirve para pensar algo que siempre ha estado ahí, pero que sólo se vuelve visible cuando lo buscamos.
Para quien no ha leído las pasadas entregas de esta columna, le comparto un resumen de mis reflexiones en una pregunta: ¿qué equilibrio encontramos entre las danzas urbanas que practican los animales de ciudad —los salones de baile, los antros, los bailes de barrio; todos ellos, jolgoriosas formas de backrooms— y las normas culturales para triunfar en el círculo artístico de la danza —las reglas corporales, las consignas de entrenamiento, las demandas de tiempo y disponibilidad?
La primera artista que viene a mi corazón es la coreógrafa y bailarina minimalista Yvonne Rainer. Nacida en 1934, en San Francisco, a Rainer le molesta el negocio del arte; el modelo que ya reconocía en la columna anterior, donde las formas rituales se codifican como mecánicas de mercado y en la que todo proceso de crecimiento se pone al servicio de la monetización. Para afrontarlo, Yvonne escribió en 1965 el Manifiesto del No (No Manifesto, en su título original) que transcribo a continuación:
No al espectáculo.
No al virtuosismo.
No a las transformaciones, a la magia y al make-believe.
No al glamour y a la trascendencia de la imagen de la estrella.
No a lo heroico.
No a lo antiheroico.
No a la imaginería basura.
No a la implicación del intérprete o del espectador.
No al estilo.
No al amaneramiento.
No a la seducción del espectador por las artimañas del intérprete.
No a la excentricidad.
No a conmover o ser conmovido.
Esto inventa en la artista un proyecto centrado en el gesto, que permite pensar el cuerpo del animal humano como “una fuente de infinidad de variedad de movimientos” que desborda el negocio. “La mente es un músculo”, decía Rainer, y él también baila. ¿Cómo baila la memoria de los cuerpos de ciudad? ¿Cómo traemos el recuerdo de esos cuerpos?
Esto me lleva a pensar en el trabajo que la coreógrafa Mariana Arteaga realizó con el Chopo (en ese entonces coordinado artísticamente por Mariana Gándara) desde 2015, con “Úumbal: Coreografía nómada para habitantes”. Este proyecto estuvo integrado por tres procesos colectivos: La pasoteca, El laboratorio de tejedores y Úumbal.
Distinguiendo entre el ensayo y la práctica, Arteaga se imaginaba —más que a un intérprete— a “los bailadores” que cada fin de semana sacan y practican sus pasos de baile, y solicitó videos de un minuto donde la gente compartiera estos pasos con otros. Así surgió La pasoteca (https://www.chopo.unam.mx/sitio_uumbal/pasoteca.html). Con ella, se realizaron laboratorios en explanadas y sitios públicos, donde los participantes se dedicaban a tejer dichos pasos en un esquema que creaba una coreografía colectiva, que se urdía en los modos públicos de estar juntos. Más que el ensayo que terrorea a los intérpretes, el laboratorio vinculó cuerpos humanos, para “eliminar la jerarquía del proceso creativo y reconocer que todos poseemos saberes sobre el baile y formas de ocupar y transitar el espacio público”. Esto permitió el surgimiento de la coreografía Úumbal en áreas de Santa María la Ribera, Buenavista y la Tabacalera.
¿Tú compartirías con otros tu forma de ocupar y transitar el espacio público? Quizá podamos compartir las sonrisas.
Sonriendo, pienso en “Bailes raros de personas normales”, las competencias de baile que organizaba en 2023, en Morelia, la artista multidisciplinar Cristina Bustamente (Cinemapobre). Invitaba a la gente a “habitar el desenfreno”, desligándose de la culpa y tratando de experimentar un instante de “felicidad auténtica”, invitándoles a sacar “los prohibidos” en un escenario (¿prohibidos por quién? ¿quién te prohibe moverte así?). En estas batallas, “el que sea más libre gana”, decía la artista. El divertido registro (https://www.facebook.com/watch/?v=1505014923375908) me permite imaginar ese lugar de equilibrio entre la escena y el juego, entre bailar para ti, pero junto a otros.
Las tres artistas me permiten imaginar que estamos juntxs en esto; que hay más vida que industria.
*Said "Musgo en el Arte" Soberanes. Buen amigo, decente y proclive al amor imposible. Profesor de arte, filosofía y metodología de la investigación, artista sonoro punk de ruidos en obsolescencia y, en otro tiempo, crítico de teatro.
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