A nadie debería sorprender el bodrio de la envilecida Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) sobre el mal llamado caso Ayotzinapa, es decir, el crimen masivo contra 43 normalistas cometido en Iguala y Cocula, Guerrero. Ese bodrio está en la línea de conducta de la titular del organismo Rosario Piedra, que desconoció la recomendación que la anterior CNDH ––la autónoma, respetable, profesional–– emitió sobre los mismos hechos, proceder inaudito e ilegal. Y grotesco, porque Piedra manifestó que no había leído ni leería esa recomendación.
A nadie debería sorprender, digo, porque la señora Piedra dio desde antes de iniciar su gestión muestras de lo que ésta sería. Aceptó la titularidad de la CNDH a pesar de que su designación fue fraudulenta, pues no alcanzó en el Senado la votación requerida ni cumplía con el requisito de no militancia partidaria. Ya como titular de la institución ha apoyado o guardado ominoso silencio ante la destrucción del sistema de salud ––ni el más mínimo reproche por el manejo criminal de la pandemia de Covid, las miles de muertes de niños con cáncer pero sin medicamentos, la caída de la vacunación infantil––, las infames persecuciones penales de la Fiscalía General de la República, la degradación de la educación básica, las agresiones contra jueces, periodistas y universidades, la demolición de los poderes judiciales, los ataques a la libertad de expresión, y un larguísimo etcétera.
Si a la señora Piedra le interesara conocer lo que sucedió la triste noche de Iguala, tendría que haber exigido el cumplimiento de las más de 100 recomendaciones específicas de la anterior CNDH, cuya recomendación sobre aquellos hechos fue producto de una de las investigaciones más serias, profundas y exhaustivas que se han realizado en México, llevada a cabo por la oficina que encabezó José Larrieta. Una de esas recomendaciones, sobre todo, es de enorme relevancia: que se envíen al laboratorio de Innsbruck, para análisis genético, 114 restos óseos, parte de los más de 63 mil hallados en el basurero de Cocula y el río San Juan, lo que corroboraría las conclusiones de Murillo Karam y la anterior CNDH sobre el destino final de los normalistas.
Lo que la señora Piedra hizo fue reproducir la nueva versión de Andrés Manuel López Obrador sobre el trágico suceso sin cuestionar la infamia perpetrada contra Murillo Karam, encarcelado porque su tesis no le servía al entonces aspirante a la Presidencia para su campaña.
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