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El cisne negro estúpido

El ensayista y matemático Nassim Nicholas Taleb escribió un libro, denominado El cisne negro, donde denomina así a un evento improbable que casi nadie lo puede prever, que tiene un alto impacto y que, después de ocurrido, se generan explicaciones sobre qué pudo haberse evitado o prevenido. Es una crítica a confiar demasiado en el pasado y a subestimar lo inesperado.

Por su parte, el economista e historiador Carlo Cipolla escribió un ensayo titulado Las leyes fundamentales de la estupidez humana, donde expone que una persona estúpida causa un daño a otros sin obtener ningún beneficio propio, e incluso se perjudica a sí misma. Y que son más peligrosos que los perversos.

Lo anterior explica perfectamente bien lo ocurrido el lunes 20 de abril, en el sitio arqueológico de Teotihuacán. Primera premisa del “cisne negro”: el gobierno, en sus tres órdenes, no pudo prever el atentado en contra de turistas, porque confiaba en el pasado (García Harfuch aseguró que “jamás había pasado”), segunda premisa. Y tercera, hay una explicación sobre ello, la da el Sindicato Nacional de Restauradores del INAH: en un comunicado, fechado el 22 de abril, manifiesta: “. . .Lo ocurrido no es un hecho aislado, es la consecuencia de años de desatención presupuestal . . . La reducción sostenida del presupuesto ha significado menos plazas de custodia, equipo de revisión retirado o en desuso en los accesos . . . y compromisos laborales incumplidos que este sindicato ha señalado en repetidas ocasiones. La operación cotidiana de los sitios se sostiene con menos personal, con menos herramientas y en condiciones que se deterioran año con año”.

Por lo que hace a la estupidez, primera premisa: el asesino actuó causando daño (muerte y lesiones graves) a otras personas. Segunda: no había ningún beneficio qué perseguir; tercera premisa: se perjudicó a sí mismo (se suicidó), y aunque no lo hubiera hecho, su vida transcurriría en la cárcel.

¿Cuántos sicópatas y/o sociópatas deambulan todos los días planeando una estupidez? No lo sabemos, es imposible advertirlo. Lo cierto es que el discurso de odio que, desde el poder, alimenta a ignorantes de la historia de México -culpando a personas y situaciones del pasado remoto de todos nuestros males- continúa sin parar. Ello es porque no se tiene la capacidad de levantar la economía ni la educación ni la tecnología, entre otros, y hay que cargarle la culpa a otros, para eximirse o fugarse de la responsabilidad. Y parece que no van a parar de alimentar un rencor históricamente falso e injustificado, para cohonestar lo que Pascal del Río, describe en su artículo en Excélsior, como “la Acrestocracia, el gobierno de los inútiles”.

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