Este sábado, Palantir Technologies publicó en X un comunicado con 22 proposiciones. Se trata de la empresa que administra los sistemas de deportación del ICE, procesa objetivos militares en tiempo real y tiene contratos activos con distintas agencias federales estadounidenses. Una publicación así, desde una de las corporaciones protagónicas de la administración Trump, merece atención especial.
El texto es un extracto de The Technological Republic, libro de Alexander Karp, cofundador y CEO de la empresa, y Nicholas Zamiska, su director de Asuntos Corporativos. Algunos puntos son ideas presentes en el debate público: el 4 afirma que el hard power del siglo XXI se construirá sobre el software; el 5 sostiene que las armas con IA se diseñarán con o sin debate ético, la pregunta es quién lo hace y para qué. Otros van más lejos: el 3 establece que la decadencia de una cultura solo será “perdonada” si produce crecimiento económico y seguridad; el 15 llama a revertir el pacifismo de Alemania y Japón. Los últimos dos afirman que hay culturas que producen avances y culturas regresivas, y que el pluralismo occidental evita reconocerlo.
Se ha especulado mucho sobre la influencia filosófica, propósitos, significado y alcances del manifiesto. Más de un analista podría interpretarlo, simplemente, como una provocación de un empresario excéntrico o como parte de una campaña publicitaria.
No obstante, las proposiciones describen la cosmovisión de una empresa que forma parte del ecosistema de toma de decisiones en áreas estratégicas del gobierno de EU. Sus algoritmos orientan operaciones militares, ejecutan procesos de deportación y clasifican amenazas para la seguridad nacional. Es difícil pensar que la declaración de principios que su director suscribe abiertamente es completamente ajena a sus criterios de clasificación.
Nuestro país no está al margen de esa lógica. Los sistemas de Palantir procesan información sobre ciudadanos mexicanos —desde datos migratorios hasta registros fiscales de nuestros connacionales— a través de la arquitectura de datos que el gobierno ha expandido desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. No hay razones para suponer que los parámetros detrás de esos algoritmos sean neutrales, pero ahora tenemos elementos concretos para cuestionarlo.
Desde México, lo importante no es cuestionar si esos valores son aceptables, sino entender que son uno de los factores en las decisiones de política pública. La pregunta inevitable es: ¿bajo qué criterios está siendo clasificada la información en sistemas que escapan a nuestro control y que además podrían estar sesgados por una visión que jerarquiza las culturas?
Incluso si esas convicciones no determinaran un solo algoritmo, seguiría siendo indispensable conocerlas. El sistema de creencias de una organización ilustra, en buena medida, sus objetivos, límites y la lógica de sus decisiones.
Más allá de nuestra valoración sobre su contenido, el análisis del manifiesto Palantir debe ser parte de cualquier lectura estratégica de Washington. Es una pieza clave para comprender cómo piensa un sector del poder estadounidense. Ignorarlo o minimizarlo sería un error.
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