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El superpeso

"México va bien, vamos muy bien": CSP.

La presidenta Claudia Sheinbaum celebra hoy los logros de su segundo año de gobierno. Una vez más, el eterno ritual que se repite: el día del presidente.

Su gobierno celebra un peso fuerte, mientras la economía se debilita por días. ¿Qué sucede en realidad? El tipo de cambio está en 17 pesos por dólar, su "mejor" nivel en años, pero el país crece sólo 1.5% a tasa anual, la inversión no llega a 21.2% del PIB —su nivel más bajo desde 2021— y 55% del empleo es informal. La fortaleza del peso es una fortaleza prestada que viene del exterior.

Con el carry trade los grandes fondos de inversión compran dólares donde las tasas son muy bajas, como en Japón al 1%, y los invierten en México, que paga 6.5%. Son miles de millones de dólares especulativos que entran diario y pueden irse en horas. Por otro lado, están las remesas en niveles récord: 63 mil millones de dólares. Nada de esto es productividad. Es renta financiera y flujo externo.

Un peso apreciado sin productividad es tóxico: incentiva las importaciones y castiga a los exportadores. Pero hay dos lastres que el discurso oficial oculta y que explican por qué no crecemos, aunque entre dinero:

El primero es la corrupción como impuesto invisible: la evasión pactada —huachicol fiscal—, las aduanas capturadas y las licitaciones a modo cuestan 5% del PIB cada año, según el Imco. Pemex es el ejemplo perfecto: 106 mil millones de dólares de deuda, huachicol sin límite y contratos asignados a dedo. No es falta de recursos, es saqueo administrado.

El segundo es el crimen organizado como costo de producción; es ya el quinto empleador del país y cobra piso en 35% del territorio productivo; el Banco de México calcula que la inseguridad resta al menos 1.2% del PIB anual. El nearshoring no llega con la fuerza que se supondría, pocas empresas quieren instalar plantas donde deben negociar con dos gobiernos: el formal y el fáctico.

Las soluciones existen, pero no son monetarias; urge romper el pacto de impunidad: aduanas en manos militares, pero auditadas por civiles; compras públicas 100% digitales, y auditorías reales a Pemex y CFE.

La seguridad debería entenderse como una política pública industrial: blindar los corredores logísticos del T-MEC con fiscalías antiextorsión federales y garantizar energías limpias. Sin eso, el nearshoring es un eslogan. Necesitamos una reforma fiscal inteligente y una formalización real que libere a las pymes de la doble extorsión: la del SAT amenazante y la del cobrador de piso.

El superpeso no es un logro, es una condena disfrazada de éxito. Es el síntoma de un país atractivo para especuladores, no para empresarios. Mientras el mercado financiero aplaude, las fábricas cierran, el campo productivo paga piso y el talento huye. Si el carry trade se va, nos quedaremos sin una moneda fuerte y sin una economía sustentable. Hay mucho que trabajar y poco que celebrar.

Pancho Graue

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