La semana anterior, después de un debate de más de 12 horas, se votó en Cámara de Diputados una reforma para disminuir la jornada laboral. A pesar de los discursos de los legisladores de Morena, no hay nada espectacular en lo aprobado y sí mucho de engaño, demagogia y peligro para los trabajadores.
Antes de avanzar, algunas consideraciones:
1. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) precisa que la jornada laboral mayor a 48 horas daña la salud. En México, con la reforma reciente, y contando las nuevas reglas sobre horas extras, esta podrá llegar hasta las 52.
2. La reforma no disminuye los días de trabajo, pues se mantienen seis de labores por uno de descanso. Esto y el incremento en las horas extras son una concesión a las grandes empresas. La combinación permite que los dueños de los medios de producción tengan a su disposición operarios por el equivalente a un día y medio de trabajo. Con ello, no tendrán que contratar más personal y el que usen no recibirá más ingresos por conceptos como aguinaldo o prima vacacional. Eso sí, los “suertudotes” que trabajen esas horas extras deberán pagar los impuestos correspondientes.
3. La mayoría votó la minuta enviada por el Senado, no obstante que toda la oposición manifestó su desacuerdo y puso sobre la mesa una buena cantidad de argumentos. Es bien sabido que los legisladores del partido oficial no son afectos a la lectura y la reflexión. Lo suyo es repetir consignas, hacer discursos vociferantes y levantar la mano. Todo en espera de que alguien comente en las alturas su actitud y recibir alguna croqueta de poder.
Al mismo tiempo que se votaba la reforma, que ahora recibe apoyos por las legislaturas locales, en el país corría un sinfín de noticias: desde los estruendos del abatimiento de un famoso delincuente, hasta los estallidos de bombas en Medio Oriente; en medio de todo ello, la jefa del Estado mexicano reconocía que no hay dinero para cumplir con una reforma constitucional votada en 2024 y que no se ha publicado.
Resulta que miles de trabajadores de la burocracia, a quienes López Obrador les prometió, a cambio de votos, un considerable aumento en su sueldo, se quedarán, por el momento, esperando lo que él llamó “salario mínimo profesional”. Los engañó con la oferta de una remuneración cercana a los 19 mil pesos actuales, más prestaciones. En los pasillos del poder, la respuesta es: no hay dinero.
Las cosas no marchan bien para el nuevo gobierno: le heredaron un montón de problemas, entre ellos, malas finanzas, una pésima legislación que no ayuda para la competitividad y una deuda gigantesca que le impide cumplir compromisos. En medio de eso, se las ingenia para realizar malabares y tratar de guardar las apariencias. Todo menos aceptar que Obrador era un timador.
