El análisis sereno de los conflictos bélicos requiere de una distancia de las justificaciones de éstos y una visión rigurosa de sus motivaciones.
El caso de la guerra que iniciaron coordinadamente Israel y EU amerita esa observación. Hay que recordar que el historial de enemistad de Irán contra esas dos naciones es añejo. Desde 1979, ante el derrocamiento del Sha de Irán (Mohammad Reza Pahleví) los diversos ayatolás en el poder han predicado que era un deber sagrado la ANIQUILACIÓN DE ISRAEL, junto con su aliado norteamericano.
Para cumplir esa amenaza de ANIQUILAR, Irán necesitaba ganar tiempo hasta obtener la tecnología para fabricar el arma letal necesaria para dicho fin (la bomba atómica) y la capacidad de enriquecimiento de uranio para la carga explosiva.
Mientras ello sucedía, Irán y su gobierno teocrático se dedicaron paralelamente durante décadas a financiar toda clase de acciones terroristas contra Israel, desde el Líbano (con las agresivas y poderosas milicias chiíes de Hezbolá, con sus cohetes Katiusha) y desde Gaza y Cisjordania (con las milicias del temido grupo terrorista Hamás), por citar sólo dos ejemplos.
Manuel Fernández Ordóñez (doctor en Física Nuclear y uno de los más destacados científicos europeos en materia atómica) en su magnífico texto El átomo, suicidio del régimen de Irán (The Objective, 02/03/2026) nos ilustra sobre la manera en que Irán fue avanzando en el enriquecimiento paulatino de uranio hasta estar en la posibilidad de fabricar ese armamento. El Dr. Fernández Ordóñez nos recuerda que fue Paquistán quien vendió esa tecnología nuclear a Libia, a Corea del Norte y a Irán.
El Dr. Fernández Ordóñez señala en su texto: “Desde que se destapara en 2002 el programa nuclear clandestino de Irán, hemos tenido 203 informes de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) diciendo que Irán no estaba cumpliendo con sus obligaciones legales. Tuvimos también 20 resoluciones de la misma agencia y 8 resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Irán estaba tratando de hacer una bomba atómica”.
Más adelante, ese mismo autor hizo una relatoría lapidaria adicional sobre el tema: “Cuando la IAEA descubrió que Irán había comenzado a enriquecer uranio con centrifugadores que no debería tener, se le recordó que no podía hacerlo. En aquel entonces tenían uranio enriquecido al 3.67%. Juraron y perjuraron que era uranio para sus reactores y que no enriquecerían por encima de ese porcentaje. Luego les pillaron con uranio al 19%. Dijeron que era para su reactor de investigación de agua pesada (óptimo para producir plutonio). Juraron y perjuraron que nunca enriquecerían más allá del 20% (límite por encima del cual el uranio se considera potencial militar). Después les pillaron con uranio al 60% y, recientemente, con uranio al 83.7%, muy cercano al grado necesario para hacer una bomba nuclear”.
Basta recordar que en junio de 2025 Israel bombardeó importantes instalaciones nucleares iraníes. Era el primer paso para decir BASTA a una nación comprometida -verbal y tácitamente- no sólo con la ANIQUILACIÓN de Israel, sino con la guerra contra las naciones a quienes Irán considere “infieles”.
El resultado de estas acciones militares de Israel y EU está por verse. De una cosa podemos estar seguros y severamente preocupados: sea cual sea el resultado de esos combates, habrá un retorno brutal del terrorismo. Que todas las naciones extremen sus precauciones ante una embestida posible y altamente probable del terrorismo radical. Que no quede duda.
