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Información para decidir con libertad

Esa molesta ciudadanía que debe ser eliminada

Ha sido constante la agresiva descalificación de la presidenta a los reclamos ciudadanos. El asunto es mucho más que una anécdota. No fue accidente, sino parte central de su estrategia política.

Los mexicanos estamos sumidos en una profunda crisis política cuya causa inmediata es el encumbramiento de una camarilla de impresentables que ha logrado no solamente controlar el gobierno, también el aparato del Estado. Estamos ya dentro de un régimen autoritario, la forma más perversa del fracaso político.

La experiencia histórica demuestra que un régimen de tal naturaleza se sostiene sobre tres pilares: corrupción e impunidad; violencia, simbólica y efectiva, de palabra, obra y omisión, y una exaltada retórica cargada de narcisismo y paranoia. Sin embargo, para la nomenclatura, el verdadero enemigo a vencer no se encuentra en otras fuerzas políticas, ni en la injerencia extranjera ni en los ataques al líder nato, aunque la narrativa insista en eso.

Para un régimen autoritario el enemigo más peligroso es el ciudadano, cualquier ciudadano y no solamente aquellos que piensan en libertad. Por eso no es accidental la permanente descalificación a los reclamos de la gente del común, como si fueran parte del complot contra su gobierno.

Pensemos en las acciones de dominación de la camarilla morenista contra la gente del común. Se destruye el sistema de servicios a la sociedad -en su más amplio sentido- en el orden de la seguridad, la educación, la salud, el acceso al trabajo; se ataca de manera sistemática, por medios fiscales y de control organizacional, a las instituciones de los ciudadanos, en especial cuando no tienen fines políticos, como son las ONG, IAP, AC, a través de las cuales la sociedad gestiona muchos de sus problemas de manera autónoma; se somete y luego se destruye el aparato de información independiente que gesta la expresión y opinión de las personas en libertad. El objetivo es tener una ciudadanía sometida, cuyo precario bienestar se gestione mediante las dádivas otorgadas por el grupo en el poder. La pobreza, de cualquier tipo, es el mecanismo de dominación más poderoso que pueda existir.

El camino más sencillo para explicar el encumbramiento de tales nomenclaturas es considerar a los ciudadanos como víctimas de una camarilla de malvados. Sin embargo, esta forma de ver las cosas resulta limitada. La historia demuestra que esa gente llega al poder impulsada por un número considerable de ciudadanos, los mismos que después serán controlados, alienados, comprados, perseguidos e incluso eliminados. En otras palabras, la causa profunda del régimen autoritario es el déficit de personas dispuestas a ejercer su libertad para hacer el bien posible, sin necesidad de que medien fines políticos en sus acciones.

Los ciudadanos del común somos quienes formamos esa molesta ciudadanía que debe ser eliminada para convertirnos, en el mejor de los casos, en entelequias aisladas y dependientes. Mientras más rápido lo aceptemos, más pronto encontraremos la solución; si es que queremos un México en el cual todos encontremos un lugar para vivir en paz, libertad y justicia. El tiempo apremia.  

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