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Futbol, ¿más protegido que Uruapan?

“Todo lo que sé de moral se lo debo al futbol”, dijo Albert Camus el célebre Premio Nobel de Literatura francés autor de El Extranjero. Quizá Camus no conocía el atasque comercial de su deporte, en el que jugó como portero en el equipo de su vida, el Racing Universitario de Argel. Con el Atlético Morelia, en la eufemística Liga de Expansión, porque, aunque sea campeón no “sube” a primera, puedo afirmar que, gran parte de lo que sé de “amoral”, se lo debo al futbol (y claro, a la política). 

A 100 días de iniciar el Mundial de futbol. Esa fiesta planetaria del balompié, pero ante todo dineraria, comandada por una organización global fundada antes que la ONU, la FIFA, violentadora de naciones y sus soberanías, quebradora de reglas, que no respeta derechos laborales, chupa cuotas a promotores, no paga impuestos, engaña multitudes, exige privilegios y parece milagrosa con México que jamás, ningún país, ha organizado tres competencias planetarias. ¿Cuánta deuda “pública” heredará a México esa FIFA “privada”? Ya el gobierno de México, en un bochornoso espectáculo con la presidenta, explicó que FIFA no canceló hoteles, sino liberó reservaciones, ante el miedo que reina las calles de México.

Joseph Blatter y Michel Platini, directivos mundiales del futbol son prueba plena de la corrupción porque, independiente de lo judicial, el propio comité de ética de la FIFA lo expulsó de la pelota, bajo una estela de millones de pesos. Juan Villoro recuerda en Los héroes numerados, el Mundial argentino de 1978, y la visita al vestidor de Perú del dictador Videla, acompañado del tenebroso Henry Kissinger, tras la cual Argentina ganó 6-0 y fue campeona en su tierra. Asco total. En España el “caso Negreira” se debate en los tribunales por la presunta trama para comprar árbitros por parte del Barcelona, y en México, recientemente, el michoacano Rafael Márquez (quizá el mexicano más exitoso en ese deporte) aseguró que la corrupción es cultural. “Si quieres que juegue tu hijo, me tienes que dar dinero”, advirtió el pentamundialista, como Antonio La Tota Carbajal, otrora entrenador del Morelia.  

“A todos los que quieren y aman el futbol”, iniciaba su narración el también michoacano Ángel Fernández; pues esos amantes tienen dos problemas: las muertes de Nemesio Oseguera y del líder supremo de Irán, Alí Jamenei. Esas defunciones ponen en riesgo la celebración. Habrá que cuidar los estadios. ¡La FIFA lo exige! Y los cuidarán más que a Sinaloa, Oaxaca, Chihuahua o Uruapan donde no habrá juego. La secretaria de Seguridad norteamericana, Kristi Noem, afirmó que está “obstaculizada” la capacidad para tener un Mundial seguro. ¡Claro! No van a tener soldados en Los Ángeles o en Houston, cuidando aficionados, cuando les pueden meter un gol en Teherán, Jerusalén o Dubái. ¿El humanismo morenista dejará de luchar contra el narco por proteger fanáticos en Monterrey, viendo a Túnez y tomando Tecate?

Honduras y El Salvador jugaron un partido para clasificarse al Mundial de México en 1970; por el nacionalismo y el fanatismo todo acabo en tragedia. Murieron aficionados pobres. Fanáticos útiles a la mercadería del balón. Así lo reportó Ryszard Kapuscinski, en La guerra del futbol. Ojalá el Mundial no sea el combustible o fósforo a más violencia, que paguen los más menesterosos con lo que engorda su poderío la corrupta FIFA. ¿Asistirán Irán, Qatar, Arabia Saudita a juguetear, mientras sus pueblos sufren bajo la guerra que, dijo Trum,p tardará semanas? ¿La televisión mostrará un gol de Cristiano Ronaldo, mientras masacran otra escuela de niñas, y a los ayatolás con su horca teocrática?

Posdata.-  Morena aprobó impuestos a los refrescos, para cuidar la salud de los mexicanos. La presidenta levanta la copa FIFA con Coca-Cola. ¡Por el bien del Mundial, primero el dinero!