Aparecen reportajes reveladores. Se exhiben documentos. Se escuchan grabaciones que involucran a los hijos del expresidente. Corrupción que cuesta vidas. Pregunta el presidente: “¿Cuánto gana Loret?”
Los reportajes, por más reveladores que sean, no sirven, se tienen que presentar denuncias.
Se presentan entonces las denuncias. María Elena Pérez Jaén presenta 37 denuncias ante la Fiscalía General de la República para que se investigue a Adán Augusto López por su complicidad con La Barredora, el cártel aliado del CJNG, dedicado al huachicol, a la extorsión y el asesinato. Le preguntan en su conferencia a la presidenta si ya se investiga a Adán Augusto. “No, no se le está investigando –dice Sheinbaum—porque no hay denuncias contra él”.
Se exhiben reportajes, se presentan denuncias que en otros países provocarían terremotos políticos; aquí, apenas producen microsismos que la gente olvidará en el siguiente escándalo.
Si la presión pública es intensa, las denuncias escalan otro nivel. Xóchitl Gálvez presentó varias denuncias en contra del presidente López Obrador por sus constantes intervenciones a favor de la candidata oficial en la contienda por la Presidencia. Las denuncias llegaron al Tribunal Electoral. Había pruebas, había videos, había evidencias. ¿Y qué pasó? Que el Tribunal Electoral desestimó todo, se burló la justicia, absolvió al presidente.
Si el escándalo se desborda, si la sociedad está furiosa, si se presentan las denuncias y se hacen las investigaciones, si se acusa a un diputado afín al gobierno de haber intentado violar a su propia hermana, entonces, como tiene fuero, los diputados lo protegen, le gritan: “¡No estás solo, no estás solo!” Y el diputado feliz puede seguir votando a distancia mientras juega pádel en Cuernavaca.
Un escándalo. Documentos prueban que el Secretario de Defensa del gobierno anterior, Luis Cresencio Sandoval, utilizó aviones oficiales para irse con su familia a Europa, donde se alojaron en hoteles de lujo con cargo al erario. El escándalo llega hasta la mañanera. El presidente trata de negarlo, pero le señalan que hay pruebas. El presidente, entonces, estalla: “¿Y cuál es el problema?” El asunto, por supuesto, se sepulta.
Hace un año los mexicanos nos sobrecogimos de terror. En el rancho Izaguirre, utilizado por el CJNG, se encontraron miles de prendas, cientos de zapatos, huellas de pozos crematorios. Había pruebas y testigos. Se trataba de un campo de la muerte. Parecían imágenes de Auschwitz. El escándalo dio la vuelta al mundo. El fiscal Gertz de inmediato mandó cubrir con cemento los pozos con cenizas, envió a un escuadrón de influencers a burlarse de los deudos. Hasta hoy no hay una lista de los muertos. No se enjuició a nadie. Varias de las madres que encontraron el rancho fueron asesinadas. Hoy Jalisco se apresta a ser sede mundialista.
Más de 800 mil muertos dejó a su paso por México la pandemia de Covid. Según los expertos, por lo menos 315 mil muertes pudieron haberse evitado. La estrategia para contener el virus fue equivocada. López Obrador puso a López-Gatell al frente del combate a la pandemia sólo porque éste fue despedido por Felipe Calderón. De ese tamaño es su irresponsabilidad. Negligencia criminal. Cientos de miles de muertos.
Más de 200 mil muertos fue el saldo de la estrategia de López Obrador conocida como “abrazos, no balazos”. Un tremendo fracaso que ahora Sheinbaum trata de corregir. ¿Alguna responsabilidad de López Obrador? El presidente del millón de muertos está feliz, feliz, feliz en La Chingada.
El libro de Julio Scherer Ni venganza ni perdón abunda en la descripción de ilegalidades. Muy concretamente señala a Jesús Ramírez por defraudar a la nación, por orquestar campañas de odio, por polarizar al país. Jesús Ramírez continúa tan campante haciendo lo suyo, que es enlodar la vida pública.
La FGR no atiende las denuncias. Los tribunales fallan a favor de los culpables. Los diputados y senadores oficialistas protegen a los suyos con el manto de su fuero. La presidenta hace como si le hablara la Virgen.
La conclusión es obvia: no hay justicia. Denuncias. Grabaciones. Videos. Documentos. Juicios fallidos. Evidencias. Impunidad.
No hay justicia, no vivimos en un Estado de derecho. Impunidad a los miembros del sistema, justicia implacable contra los adversarios.
Esta es una de las consecuencias de haber dejado morir la democracia. Hoy vivimos en un régimen distinto. Uno donde la ley no vale. Uno donde la impunidad es total.
