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¡Inteligencia artificial a juicio!

¿Ha utilizado la inteligencia artificial? ¿Cómo y para qué? Es claro que es una herramienta útil y disruptiva, pero ¿resulta ético y profesional su uso? Hace unas semanas, la juez Decimoprimera de Distrito en Materia Administrativa de la Ciudad de México emitió una sentencia en el juicio de amparo 1326/2025, que vale la pena reseñar precisamente por estos temas. El amparo lo promovió una estudiante de una facultad de la UNAM en contra de una sanción emitida por el Tribunal Universitario, pues supuestamente utilizó una herramienta de inteligencia artificial (ChatGPT) para resolver un examen.

El caso resulta interesante, pues la juez de distrito analiza las pruebas del caso y determinó que resulta violatoria la decisión del Tribunal Universitario, en virtud de que no quedó acreditado que se hubiera utilizado la IA para la resolución del examen, sino solamente que se asistió a un examen con un teléfono celular y que este fue utilizado durante la resolución del examen, por lo que la sanción resultaba desproporcional.

Resulta muy interesante poder vislumbrar que los jueces comenzarán a enfrentar litigios novedosos, que pueden llegar a tener como componente condiciones de uso (o abuso) de la inteligencia artificial. Así, saber en qué contextos es válido utilizar este tipo de tecnologías en ámbitos como el escolar o profesional será todo un reto para definir.

El Tribunal Universitario emitió su sanción basándose en la sospecha de la utilización del celular para acceder a la inteligencia artificial como un medio auxiliar para resolver el examen, pero no logró demostrar el “vínculo digital” entre el examen y una IA. Este caso nos obliga a preguntarnos: ¿estamos preparados para juzgar la interacción humana con la tecnología?

Este conflicto revela que el derecho necesita nuevas categorías de análisis. Ya no basta con hablar de “copia” o “plagio”. Debemos empezar a discutir conceptos como la integridad digital y la trazabilidad probatoria, pero además tendremos que analizar si eventualmente este herramienta podrá ser utilizada y bajo qué parámetros.

Si un abogado utiliza la IA para redactar un contrato de 100 páginas en minutos, ¿es un profesional eficiente o uno negligente? La respuesta no está en la herramienta, sino en la responsabilidad del resultado y en el deber de cuidado que deberá tener respecto de dicho resultado. La IA en el mundo profesional debe verse como un "copiloto". Un piloto de avión no es menos profesional por usar el piloto automático; sin embargo, sigue siendo el único responsable de aterrizar a salvo. Si se va a regular el uso de la IA, resulta indispensable plantear protocolos para su detección y, más importante, definir en qué contextos su uso es una ventaja competitiva y en cuáles es una falta ética.

¿Qué podemos esperar en el futuro? Desde luego, tendremos no sólo que aprender a usar la IA como una herramienta auxiliar, sino a decidir el nivel de incidencia que resulte aceptable de su uso. No podemos negar la realidad ni el avance de la tecnología. El énfasis deberá ponerse no en cómo se hacen las cosas, sino en que el resultado tenga calidad y cumpla los estándares éticos del servicio que se presta. La IA ya entró al juzgado, ahora corresponderá resolver sobre si su uso resulta o no compatible con nuestras normas, no solamente desde un punto de vista ético, sino sobre todo jurídico.