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Islandia le dice no a la Unión Europea

En referéndum celebrado este domingo, 52.8% de los electores islandeses rechazó retomar las conversaciones con miras a ingresar a la Unión Europea, negociaciones que estaban congeladas desde 2013, contra 47.2% que votó a favor de reanudarlas. La participación electoral superó 82%, lo que demuestra el gran interés público por la política exterior del país.

Pese a las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, contra la vecina Groenlandia, los islandeses que votaron en contra lo hicieron movidos por preocupaciones sobre la pérdida relativa de soberanía y por temor a perder sus derechos pesqueros, a pesar de las seguridades ofrecidas por la UE en sentido contrario.

Si se mira con detenimiento, se trata de un margen estrecho, lo que da cuenta de una sociedad dividida e incluso polarizada en dos bloques. La votación puso de manifiesto una marcada división sociológica. El "sí" solo ganó en el centro de Reikiavik, mientras que las zonas rurales y los suburbios de la capital se decantaron mayoritariamente por el "no", lo que ilustra las tensiones persistentes en torno a la identidad nacional y la gestión de los recursos locales.

Las discusiones formales sobre la adhesión quedan aplazadas por tiempo indefinido, lo que reduce la presión sobre cuestiones polémicas como la Política Pesquera Común de la UE, que sigue siendo un punto central de fricción, debido a la férrea defensa que hace Islandia de su soberanía pesquera.

La primera ministra Kristrun confirmó que su gobierno de coalición de centroizquierda respetará el resultado y que no volverá a abordar el tema de la pertenencia a la UE por lo que resta de su mandato, mismo que finaliza en 2028. Frostadóttir declaró también que el gobierno esperaría para decidir si presentaba una resolución parlamentaria para retirar formalmente su solicitud de adhesión a la UE. Islandia solicitó inicialmente el ingreso en 2009, tras la crisis financiera, pero se retiró de las negociaciones en 2013, al considerar que no podía avanzar más sin celebrar un referéndum.

El resultado negativo del referéndum supone un golpe simbólico para Bruselas al frenar el impulso de ampliación del bloque en la región ártica, de vital importancia estratégica. Impacto en la ampliación y la credibilidad geopolítica; impulso estancado. Un voto afirmativo habría revitalizado el discurso de ampliación de la UE con una nación occidental rica y estable. Este rechazo menoscaba la posición internacional de la UE y da argumentos a los críticos euroescépticos, como la dirigente de la ultraderechista Agrupación Nacional francesa, Marine Le Pen, o el igualmente extremista y xenófobo líder del Reform Party británico, Nigel Farage, quienes sostienen que el atractivo del bloque y su modelo de integración ha perdido fuerza y credibilidad. Así, Le Pen escribió en su cuenta de la red social X: “En un momento en que algunos abogan por un mayor federalismo y por la transferencia de soberanía a la Comisión Europea, esta votación nos recuerda que otra Europa es posible: una Europa de naciones libres y soberanas que cooperan voluntariamente en asuntos de interés común”. Por su parte, Farage publicó en la suya: “Felicidades a Islandia por votar a favor de mantener su independencia”.

Con todo, la votación no altera el marco actual de integración de Islandia. Sigue plenamente integrada en la UE a través del acuerdo del Espacio Económico Europeo (EEE) y del Espacio Schengen, lo que significa que el comercio y la circulación de personas no se verán afectados.

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