Una de las especialidades de este par de gobiernos morenistas, es la repetición goebbeliana de frases. Una especie de camiseta política que se puede usar en cualquier ocasión disponible. “Llegamos todas” es una de ellas. Resonó hasta el cansancio. Literal, porque por cansancio desde hace unos meses ya no la repiten.
La escuchamos cuando una mujer ganó la Presidencia. La escuchamos cuando se nombraron gabinetes paritarios. La escuchamos cuando se inauguró la Secretaría de las Mujeres. La escuchamos tanto, que uno podría pensar que las mujeres, efectivamente, llegaron.
Aunque la verdad es que millones parecen haberse quedado atoradas en la entrada guinda.
Porque mientras el país se preparaba para exhibirse ante el mundo, las Madres Buscadoras descubrieron que ellas no forman parte del decorado. Que un ajolote es menos incómodo que ellas. Resulta molesto que recuerden que en México hay más de 130 mil personas desaparecidas. Resulta incómodo que insistan. Resulta inadmisible que existan. Y no terminamos de entender qué es exactamente lo que a la Transformación le molesta.
¿Que muestren el problema?
¿O que muestren quién no lo ha resuelto?
¿O que evidencien los verdaderos intereses del gobierno?
Porque las Madres Buscadoras son la evidencia ambulante de un fracaso que no cabe en los spots turísticos mundialistas. Caminan con fotografías en las manos y con la pregunta que nadie ha querido contestar. Son mujeres haciendo el trabajo que debería hacer el Estado. Son madres buscando a sus hijos mientras el gobierno busca discursitos.
Tal vez por eso las maltratan tanto.
Ningún país quiere que el mundo vea sus heridas. Pero hay una diferencia importante entre curarlas y ocultarlas para que no salgan en primera plana.
Y es que esto ocurre con el gobierno que prometió ser el más sensible con las mujeres. El más “feminista de la historia”. El que convirtió la palabra “mujer” en eslogan.
Porque si hablamos de símbolos, hay cosas difíciles de ignorar.
La Secretaría de las Mujeres lleva semanas esperando una nueva titular. La salida de Citlalli Hernández abrió una vacante que no merece demasiada prisa. La elegida es la presidenta del Senado, que no puede incorporarse todavía porque debe concluir su responsabilidad legislativa.
Así que en un país donde nos dijeron que las mujeres eran prioridad, la dependencia encargada de las políticas para las mujeres opera con una especie de “vuelvo enseguida”.
No es una emergencia. No corre prisa. Ya habrá tiempo. Mientras encapsulan a las manifestantes con becarios del bienestar. Porque ya ni la policía alcanza.
La frase de “llegamos todas” termina pareciéndose mucho a esas invitaciones donde descubres que te sentaron en la lejana mesa de la esquina.
Porque aquí llegaron las mujeres “correctas”.
Las obedientes.
Las que no incomodan.
Las que no preguntan demasiado.
Las que no buscan desaparecidos.
Las que no cuestionan al poder.
Las que no exigen resultados.
Las demás, pueden esperar.
Después de todo, para este gobierno las mujeres solo son importantísimas cuando las convierten en discurso. Que es opcional hacerlas prioridad.
Y ahí está el verdadero significado de la consigna claudista.
No era que llegáramos todas.
Era que llegaban ellas.
Y que las demás aplaudiéramos desde afuera, sin saber que solo querían enriquecerse, gracias a nuestra buena voluntad…
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