La tercera experiencia mundialista en nuestro país ha dejado una lección contundente que va más allá del balompié, por lo cual debemos entender que ningún sueño colectivo se realiza mediante la repetición, el entusiasmo o la propaganda. El “¿Y si sí…?” solo se vuelve trascendente cuando va acompañado de decisiones, responsabilidades medibles y verificables y resultados que puedan ser comprobables.
La conclusión de la justa mundialista de futbol permitirá evaluar los resultados en nuestro país como uno de los organizadores, con el fin de conocer si se cumplieron las expectativas de la selección nacional, de directivos del futbol, de las autoridades federales, estatales y locales, del sector privado y de los aficionados a ese deporte.
Más allá de la competencia deportiva y de los balances económico y social, la mayor lección que deja esta experiencia mundialista es el “¿Y si sí…?”, que solo puede entenderse y adquiere verdadero significado cuando deja de ser una mera frase aspiracional para transformarse en compromiso, planeación y obtención de resultados verificables. Es decir, cuando se supera lo condicional, ilusorio y ya merito, para lograr el afirmativo y contundente sí.
De las 48 selecciones participantes solo una se alzará como triunfadora, lo cual permite concluir que las 47 restantes quedaron en el intento, en el sueño aspiracional, es decir en el ¿Y si sí…? Y entre éstas se encuentra el equipo mexicano que, si bien los analistas y comentaristas especializados enfatizan que ha sido la mejor actuación de México a lo largo de 18 competencias, lo cierto es que su presentación más significativa ocurrió cuando el país fue sede única en 1970 y 1986, llegando a los cuartos de final. Lo relevante en 2026 es que obtuvo cuatro triunfos sin recibir gol.
La gran difusión que se dio al torneo impactó hasta a aquellas personas que no gustan de este deporte. Los aficionados lograron una comunión con su seleccionado, no obstante que la gran mayoría no tuvo acceso a los estadios por el prohibitivo costo de los boletos y debió conformarse con las transmisiones televisivas, ya fuera en casa, restaurantes, centros de reunión o en las pantallas gigantes que establecieron los gobiernos locales y estatales. Allí siguieron los juegos del combinado mexicano en sus cuatro primeros encuentros, así como el que se perdió en la fase de octavos de final, en que una vez más se quedó en el sueño, en el ya merito, en el ¿Y si sí…?
La icónica frase que acompañó a la selección nacional durante su participación mundialista comenzó a extenderse semanas antes, durante la liguilla del torneo de clausura 2026, cuando el equipo Pumas de la UNAM, a pesar de los pronósticos en contra, se convirtió en líder de esa justa y favorito para lograr el campeonato, que no obtiene desde 2011. El equipo universitario quedó por tercera ocasión en el casi, ya merito; no concretó sus sueños ni los de su fanaticada, a la que el entonces entrenador Efraín Juárez había entusiasmado al declarar: “¿Y si sí? ¿Y si Pumas es campeón?”
Pero, ¡oh, sorpresa! Resulta que tal frase no es de la autoría de Juárez. Había sido expresada cuatro años antes, durante el mundial de Catar, por los hermanos José Ángel y José Miguel Larrieta, jóvenes cineastas que dejaron constancia en un video, ya que siendo fervientes entusiastas del balompié mantenían el sueño de que triunfara la selección mexicana, por lo cual acuñaron la expresión “¿Y si sí…?” como un deseo, aspiración y sueño, sin que hubiera certeza alguna.
Dicha frase, la expresó primeramente Miguel, ante la lejana posibilidad de lograr que una joven que le atraía se fijara en él, pese a los esfuerzos que como pretendiente realizaba para llamar su atención y que nunca fructificaron. No cesaba en su empeño por conquistar a esa muchacha, y con énfasis y convicción repetía “¿Y si sí acepta salir conmigo?”, “¿Y si sí me hace caso si le invito un helado o un café?”, “¿Y si sí me permite acompañarla de regreso a su casa?”, y una lista interminable de “¿Y si sí…”?
Los hermanos Larrieta estiman que su frase es aspiracional, un estímulo hacia una meta pretendida que se vislumbra remota o casi nula en la posibilidad de obtenerla, de ahí que la comparan con la situación que enfrentan los apostadores, ya sea en juegos de azar, quinielas, loterías, casinos o hipódromos. En estos casos a tan lejana posibilidad si llega a concretarse se le llama “hacer la chica”, es decir, dar la sorpresa cuando un equipo, deportista o jugador se sobrepone a los pronósticos en contra, e incluso cuando una persona, grupo o institución supera una adversidad que se presentaba como imposible.
La primera lección que nos deja el “¿Y si sí…?” es que el poder no se comparte. Cualquier vacío se ocupa de inmediato, en los hechos o en el imaginario colectivo de la población. Por ello no se entiende que la presidenta Claudia Sheinbaum haya dejado vacío su asiento durante la inauguración del Mundial ante el temor de silbatinas y mentadas de madre, y en la mente de los aficionados haya aparecido Salma Hayek como su representante, ante lo que la funcionaria debió explicar al día siguiente que la actriz no la representó; sin embargo, como dice la famosa locución: aclaración no pedida, acusación manifiesta.
¿Y si sí la actriz desplazó a la mandataria? ¿Y si sí la presidenta tuvo miedo de enfrentar lo que imaginó una situación hostil? ¿Y si sí percibió el desdén del dirigente de la FIFA que despreció a la joven indígena a quien la presidenta regaló su boleto al enviarla a otro lugar y no permitirle estar a su lado?
De igual manera valdrá cuestionar: ¿y si sí hubo equipos favorecidos por el arbitraje? ¿Y si sí los árbitros no midieron con la misma vara las jugadas? ¿Y si sí los nazarenos estuvieron temerosos para expulsar a las estrellas cuando cometían faltas graves? ¿Y si sí esos hombres del silbato recibieron instrucciones de la FIFA para que se impusiera el negocio sobre lo deportivo?
Durante el desarrollo de la justa futbolera tal frase fue aprovechada por buen número de empresas para impulsar sus productos, mientras comentaristas, articulistas y conductores de programas, así como incontables aficionados al futbol repetían como mantra una y otra vez “¿Y si sí…?”, ante las lejanas posibilidades de que los sueños se cumplan. Y también la repitieron el futbolista noruego Erling Haaland y Luis de la Fuente Castillo, director técnico de la selección española, y trascendió las fronteras del país al escucharse el “what if yes?”
No pueden quedar de lado las cuentas alegres de las autoridades y empresarios de los sectores turístico, hotelero, restaurantero, comercio, transporte y entretenimiento, principalmente, sobre las enormes ganancias que se obtendrían por los millones de turistas nacionales y extranjeros que colmarían las ciudades sede del Mundial en nuestro país. Habían estimado que la derrama económica podría llegar a los 200 mil millones de pesos; sin embargo, cifras de la Coordinación del Mundial 2026 indican que estas debieron ajustarse y los resultados muestran que tal derrama está por debajo de los 50 mil millones de pesos en las tres ciudades sede: México, Guadalajara y Monterrey. Muestra de ello es que la estimativa de que llegarían al país casi seis millones de turistas solo quedó en 850 mil, de los cuales 175 mil ingresaron específicamente por el torneo. Las proyecciones desbordadas y optimistas quedaron opacadas, en un sueño, en el “¿Y si sí…?”.
Además, las autoridades deben informar sobre las inversiones para proyectar una mejor imagen del país, en contraste con los beneficios obtenidos, es decir la relación entre gasto público, imagen y resultados efectivamente obtenidos.
Un tema que quedó a deber fue el de la seguridad, ya que cifras aún no actualizadas permiten observar que durante el periodo mundialista ocurrieron 970 asesinatos y 514 casos de desaparición de personas, no obstante que las cuentas alegres del gobierno destaquen que los homicidios disminuyeron.
En el campo de la seguridad no puede echarse en saco roto la falta de previsión durante los festejos, que tuvieron como resultado la muerte de cinco personas, abusos en comportamientos faltos de civilidad, agresiones a personal policial, vandalismo y destrucción de mobiliario urbano y generación de cientos de toneladas de basura, lo que no representó la mejor imagen del país. Y por supuesto, la expresión homófoba “¡ehhh, puto!”, contra jugadores extranjeros, ya que con ella se pretende denigrar, estigmatizar y cuestionar su masculinidad. Tales comportamientos serán multados por la FIFA con cantidades cercanas a los 100 mil dólares por partido.
También deberá analizarse el número de horas laborales perdidas en los sectores productivo y burocrático, en especial porque en este último se autorizó la suspensión de labores o el eufemísticamente llamado trabajo a distancia. Y todo con la peregrina idea de que la población pudiera disfrutar de los partidos futboleros.
Aprovechando la euforia, es momento de preguntarnos ¿Y si sí estamos dispuestos a hacer de México el país a que aspiramos y merecemos?, ¿y si sí nos esforzaremos para consolidar la democracia?, ¿y si sí habrá justicia para las víctimas y reparación integral del daño?, ¿y si sí las madres buscadoras serán escuchadas y tendrán el debido apoyo para localizar a sus familiares?, ¿y si sí seremos capaces de terminar con la impunidad?, ¿y si sí se combatirán los flagelos como el narcotráfico, huachicol y desaparición forzada de personas?, ¿y si sí somos capaces como país de ser resilientes? Y muchísimos “¿Y si sí…?” más.
Es momento de actuar, cada quien desde su trinchera, para que el “¿Y si sí…?” sea una realidad, una certeza y no un mero sueño o ilusión, pues ya Pedro Calderón de la Barca nos recuerda: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.
Recomendar Nota
