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Los idiotas útiles

La continuidad de Morena en el poder se asienta en cuatro elementos: los programas sociales, la propaganda, el control del INE y del Tribunal Electoral. Los escándalos de corrupción pueden minar al gobierno, pero mientras no se haga algo respecto a los elementos que lo sostienen Morena seguirá en el poder, destruyendo al país para su beneficio.

La exhibición continúa de la corrupción morenista ha servido para desnudar las intenciones de quienes nos gobiernan. Todavía el sexenio pasado podían hablar desde el pedestal de su superioridad moral autoconferida. Ellos eran mejores que el PRI y el PAN, partidos corruptos. Ellos no eran iguales. La buena noticia es que ahora es vox populi que eran iguales o peores que los anteriores.

López Obrador fue un mal presidente, pero un excelente histrión. Qué manera de mentir la suya. Si los priistas fueron los reyes de las medias verdades, López Obrador aportó a nuestro folklor político la mentira descarada. Varias de sus grandes mentiras podrían servir como estudios de caso. Por ejemplo, el avión presidencial. Primero la campaña: ese avión no lo tiene ni Obama. Luego la rifa, monumental estafa, que sirvió para arrodillar a los empresarios y sacarles dinero. Gente muy pobre compró su boleto. Engañó a todos. El avión, malbaratado, terminó al servicio de una dictadura postsoviética.

Hoy por lo menos la mitad de la población sabe que el hijo del expresidente es un pillo de siete suelas, un vividor corrupto. Que los lujos que se permite la familia de López Obrador no se corresponden con el mito del modesto Tsuru y de los 200 pesos en la cartera. Hoy se piensa: bueno, era un corrupto, pero ayudó a los pobres.

La gente no sabe cómo elevó la deuda, cómo se alió con los narcos para ganar elecciones, desconoce que la mayor parte de sus megaproyectos fueron obras inútiles. La tragedia de nuestro tiempo es que tenemos una oposición tan corrupta como el gobierno, ¿quién mete las manos al fuego por Alito Moreno? Difícil concebir un partido más pusilánime que el PAN. La renuncia de Adriana Dávila a la Comisión Permanente panista los pinta de cuerpo entero. Con esta oposición, Morena no necesita corregirse, puede seguir defendiendo a capa y espada a sus corruptos, puede seguir fingiendo que se les perdió el almirante Ojeda, puede seguir defendiendo a violadores como Cuauhtémoc Blanco y en complicidad con el crimen organizado. ¿Con una oposición así quién necesita enemigos?

¿Qué piensa hacer la oposición para desactivar los dos principales instrumentos electorales de Morena: la propaganda y los programas sociales? Hasta ahora sólo se vislumbra que su plan es aliarse para enfrentar a Morena unidos, que no está mal, pero es insuficiente, y seguir observando detrás de la barrera cómo la sociedad civil y los medios de comunicación exhiben casi a diario la corrupción del partido oficial.

¿Qué van a hacer para enfrentar el control que Morena tiene en el instituto y en el Tribunal Electoral? ¿Piensa jugar el partido a sabiendas de que los árbitros están vendidos? Pareciera que la oposición, auténticos tontos útiles del sistema, hubiera entendido que, ganen o pierdan, su cúpula partidista seguirá ganando. Alejandro Martí hace años le exigió al gobierno: “Si no pueden, renuncien”. Algo así debería exigírsele a los líderes de la oposición: “Si no ganan, renuncien”.

La oposición podría organizar, por ejemplo, un juicio popular contra López Obrador, y de este modo terminar de exhibir el talante del expresidente y, de paso, de su movimiento. Urge que se muevan.

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