En el Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Sheinbaum los números sueltos fluyen como una corriente imparable. Salen cifras y cifras que pretenden mostrar una situación boyante del país, donde todo mejora y cada vez somos más felices. La realidad que pretende mostrar la presidenta con frases como “la economía mexicana permanece estable y avanzando”, seguida de una serie de “indicadores y datos” dista mucho de lo que realmente ocurre. Las cifras se presentan, casi sin excepción, de tal manera que dan la idea de avance, pero que en realidad no son verdad. Desde la inversión extranjera “récord”, que en realidad se trata de reinversión de utilidades y no de inversión nueva, o el crecimiento del PIB del segundo trimestre, cuando en realidad van 8 años de estancamiento del PIB per cápita, y un largo, larguísimo etcétera.
La manía de dar información de esta manera, que además se acompaña de una política generalizada de cada vez menos información pública relevante, menos acceso a conseguirla y menos transparencia en su generación (como lo atestigua el reciente reporte de Signos Vitales realizado con Mexicanos Contra la Corrupción), cumple la función de evitar a toda costa el contraste de información verídica con la realidad. Se trata de crear una realidad alterna, con algunos indicadores que parezcan tener asidero en la realidad para darle mayor credibilidad, pero que, con un análisis mínimo, el argumento resulta poco creíble. Por ejemplo, la presidenta dice que Pemex redujo en 20 mil millones de dólares su deuda, cuando eso se logró porque ahora es deuda del gobierno federal. Valiente mejora.
La política de la 4T de crear una realidad alterna pasa también por la cancelación de las instituciones públicas que realizaban de manera autónoma evaluaciones de diversas políticas, como el INEE, en el área educativa, o el Coneval, en el área social. Su desaparición, y el acoso incesante a las organizaciones de la sociedad civil y centros de investigación que realizan ese tipo de evaluaciones e investigaciones, forma parte del mismo paquete. Que no se evalúe por ejemplo la efectividad de la Nueva Escuela Mexicana, ni tampoco se evalúen los programas sociales que sabemos tienen una función eminentemente clientelar y no han rendido los frutos que supuestamente debían, es intencional y perverso. Y sin información pública relevante y oportuna, es mucho más difícil evaluar la política pública y poder mejorar su implementación.
Esta narrativa que pretende dibujar una realidad paralela de color de rosa también requiere callar a quienes presentan datos y evidencia que contraviene la línea oficial. Por eso no sorprende que ahora el gobierno haya decidido emitir nuevos lineamientos para “proteger” las audiencias que, en realidad, son un instrumento, ahora también jurídico, de acoso y mentira. Acoso a los medios de comunicación, a periodistas y líderes de opinión que presentan evidencia, puntos de vista, análisis y datos que no correspondan con la narrativa oficial. Las posibilidades y los caminos para disentir y mostrar la realidad se vuelven actividades de alto riesgo, como lo atestigua el número de periodistas asesinados, el despido de periodistas y conductores de radio y televisión, la autocensura que ejercen muchos medios para evitar represalias oficiales.
El segundo Informe de Gobierno forma parte de esta estrategia de crear una realidad alterna de dicha y felicidad, de honestidad y justicia, de austeridad republicana y uso óptimo de los recursos públicos, de que todo avanza, de que las cosas ahora se hacen bien y antes mal, que debemos sentirnos orgullosos y respaldar a la 4T porque esta es la transformación histórica que tanta falta le hacía al país. Ese fue el informe. Nada más.
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