La Unión Europea es líder global en regulación digital, pero depende de infraestructura que no controla. Más de 80% de sus plataformas y servicios críticos provienen de proveedores no europeos. Alemania, por ejemplo, paga 500 millones de euros anuales en licencias de software a Microsoft. Francia gasta más de 50 mil millones de dólares al año en una “nube” estadounidense. Más allá de sus implicaciones comerciales, esa dependencia es una forma de vulnerabilidad. Desde 2018, el Cloud Act permite al …
