La última vez que alguien lo vio, no pasó nada. No hubo persecución, ni detonaciones, ni patrullas. No hubo prisa. Solo una escena cotidiana: salir, subirse a un vehículo, responder una llamada… y después, nada. La vida siguió para todos. Menos para esa persona. Ahí empieza una forma de violencia que no busca ser vista. Desaparecer personas no es un accidente ni un exceso. Es, en muchos casos, una decisión calculada. Una que, incluso en términos materiales, representa ventajas para …
