Supongamos que si, por gracia divina, el día de mañana el gobierno mexicano decreta cosas como, por ejemplo, aumentar el gasto educativo a 8% del PIB, incrementar 100% el salario de los maestros y extender el calendario escolar a 250 días ¿podemos esperar sensatamente que, pasado mañana, van a mejorar en automático los logros de aprendizaje y los niveles de desempeño de los alumnos? Dios, ciertamente, es muy poderoso… pero hay que ayudarle. Veamos. Más allá de los lugares comunes …
