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Pemex enfrenta caída en producción y finanzas; tiene reservas de crudo para 10 años

En el caso del gas natural, las reservas estimadas alcanzarán para menos de nueve años, por agotamiento estructural

Tomada del sitio web de Pemex.

La situación de Petróleos Mexicanos (Pemex) muestra un deterioro sostenido en sus principales indicadores operativos y financieros, en un contexto marcado por la transición energética global y crecientes restricciones presupuestales en México.

De acuerdo con un análisis realizado por el académico y exrector de la UNAM, Francisco Barnés de Castro con base en cifras de Pemex y del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), las reservas probadas de crudo de la empresa han mantenido una tendencia a la baja y actualmente alcanzan para menos de diez años al ritmo de producción vigente.

En el caso del gas natural, el horizonte es todavía menor, con reservas estimadas para menos de nueve años. No se trata solo de un dato técnico. Es, en esencia, una señal de agotamiento estructural.

Las reservas probadas de crudo de Pemex son la estimación del volumen de petróleo que se sabe, con un alto grado de certeza, que puede extraerse comercialmente de los yacimientos existentes bajo las condiciones actuales.

Es decir, se tiene confirmación de que fueron descubiertas mediante estudios geológicos y perforaciones; hay tecnología disponible para extraer ese petróleo y produce rentabilidad económica a la empresa.

Resultan un indicador fundamental para entender la salud y el futuro de una empresa petrolera como Pemex, ya que permiten estimar cuántos años puede seguir produciendo petróleo el país al ritmo actual. Por ejemplo, si las reservas alcanzan para menos de 10 años, implica una presión importante para descubrir nuevos yacimientos o reducir la producción.

Producción en picada

En materia de producción, Pemex registró en 2025 una disminución de 120 mil barriles diarios de crudo, lo que confirma la tendencia descendente.

A esto se suma la caída en la producción de gas natural, afectada por un fenómeno técnico que agrava la eficiencia: el incremento en el contenido de nitrógeno, que obliga a reinyectar o incluso quemar el gas en campo.

El dato es contundente. En cinco años, el porcentaje de gas que Pemex consume o desperdicia pasó de 26% a 42% del total disponible. México, en consecuencia, se mantiene entre los países que más gas queman a la atmósfera.

En paralelo, la producción de gas seco —insumo clave para la industria y la generación eléctrica— se ha reducido a menos de la mitad, con una caída adicional de 116 millones de pies cúbicos diarios en 2025. Como consecuencia, más del 90% del gas utilizado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la industria nacional es importado, principalmente desde Estados Unidos.

En el ámbito de refinación, Pemex logró incrementar el procesamiento de crudo hasta cerca de un millón de barriles diarios en 2025. Sin embargo, este avance ha estado acompañado de un aumento en las pérdidas operativas, que superan los 40 dólares por barril procesado.

Este nivel contrasta con el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando las pérdidas rondaban los ocho dólares por barril.

Un desempeño financiero en deterioro

El deterioro operativo se refleja también en el desempeño financiero. Los rendimientos operativos de la empresa pasaron de representar 55% de sus ventas en 2012 a apenas 4% en 2025. Además, Pemex acumuló pérdidas netas cercanas a dos billones de pesos en cada uno de los dos últimos sexenios.

En términos fiscales, la aportación de la empresa al presupuesto federal ha disminuido significativamente. Mientras que en 2012 los ingresos petroleros representaban 44.3% del gasto programable, en 2025 esta proporción se redujo a 4.3%.

Otro factor que incide en el desempeño de Pemex es el robo de combustibles y el contrabando. Las pérdidas asociadas a estas prácticas se estimaron en 123 mil millones de pesos en 2025, afectando tanto a la empresa como a las finanzas públicas .

Por separado, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señaló que Pemex enfrenta una posición vulnerable, debido a la falta de una estrategia integral que le permita adaptarse a un mercado energético en transformación.

Entre los principales retos identificados se encuentran la necesidad de mantener la producción de crudo, incrementar la producción de gas natural, reducir la quema de gas, mejorar la eficiencia de sus instalaciones industriales y disminuir sus emisiones contaminantes.

A manera de conclusión, Barnés de Castro advierte que la empresa requiere inversiones significativas para modernizar su infraestructura y mejorar su desempeño operativo. No obstante, estas necesidades se presentan en un contexto de limitaciones fiscales para el gobierno federal, lo que podría restringir la capacidad de apoyo financiero en los próximos años.

Pemex se une a la brasileña Petrobras

La fragilidad estructural de Petróleos Mexicanos no solo se refleja en la caída de su producción o en el deterioro de sus finanzas, sino también en las limitaciones que enfrenta para adaptarse a la transición energética global. Su alto nivel de endeudamiento, la falta de liquidez y los rezagos tecnológicos complican la inversión en proyectos sostenibles y en reducción de emisiones.

En este contexto, el gobierno mexicano ha buscado alternativas para apuntalar a la petrolera, entre ellas un acuerdo de cooperación con la brasileña Petrobras, enfocado en exploración en aguas profundas, producción y desarrollo de biocombustibles.

La alianza pretende aprovechar la experiencia tecnológica de la empresa brasileña y abrir nuevas rutas de colaboración energética en medio de la presión por modernizar a Pemex y diversificar su matriz.

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