La economía puede tener muchos indicadores para mostrar cómo vamos. Pero hay uno que es casi infalible para mostrar la temperatura de la economía a nivel de cancha: el empleo. En promedio, cerca de 66% de los ingresos que tenemos provienen del trabajo y, para muchas personas –como para su seguro servidor– el ingreso del trabajo representa 100% del ingreso del año.
El trabajo es el medio por el cual nos conectamos con la actividad diaria, con las aspiraciones, las expectativas de gasto, la creatividad, el sustento para la familia, el gasto del fin de semana o del año, los sueños o las frustraciones de no tener lo suficiente para llegar a final de mes. El trabajo puede ocupar la mayor parte de nuestro día, ya sea en él o pensando en él. La falta de trabajo también puede ocupar buena parte de nuestras preocupaciones diarias. El trabajo es, pues, central para los individuos (obviedad que siempre vale la pena recordar).
Pues resulta que el 31 de agosto de este año, el INEGI dio a conocer su Índice Global de Personal Ocupado de los Sectores Económicos, que aproxima la evolución mensual del empleo de los sectores no agrícolas en el país[1]. Lo que nos muestra son malas noticias. Durante el primer semestre de 2026, el índice se redujo en 0.8%, que es la mayor reducción para un primer semestre después de 2009 y 2020, que fueron años de crisis profundas. No sólo eso, los primeros semestres de 2024 y 2025 también muestran caídas en el índice de ocupación.
Una situación similar nos muestra otra fuente de datos del propio INEGI. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en su versión mensual, nos dice que el empleo formal se redujo en el primer semestre de 2026, 2025, 2024 e incluso de 2023, en 364 mil, 278 mil, 216 mil y 15 mil personas, respectivamente. La misma fuente nos dice que el empleo informal se incrementó en 70 mil, un millón 270 mil, 19 mil y 742 mil en los mismos periodos. De esta forma, las malas noticias aparecen desde hace tres o cuatro años para el empleo. Debido a malque cada año nuevas personas se incorporan al mercado laboral, con un empleo de capa caída la gente tiene que buscar refugio en la informalidad.
El empleo, ese termómetro que nos dice cómo nos va en la vida diaria, tuvo caídas en 2009 por una crisis financiera internacional, en 2020 por una pandemia global, y ahora, al menos desde 2024, se ha frenado de manera importante. Puede haber muchas razones para esta mala noticia, pero una de ellas es el mal desempeño de la inversión, que es lo que detona el crecimiento de cualquier país. La formación bruta de capital fijo como porcentaje del PIB en el primer trimestre de 2026 cayó a 21.2, el nivel más bajo desde el mismo periodo de 2021. Cuando no hay confianza en el futuro del país, no hay inversión, y no hay crecimiento. Tampoco empleo, esa variable que nos cambia la vida en el día a día.
[1] El índice toma el valor de 100.0 para marzo de 2018.
Recomendar Nota
