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¿Por qué fracasan los países como México?

Las naciones son ricas o pobres dependiendo de sus instituciones políticas, económicas y sociales. Daron Acemoglu y James Robinson, premios Nobel de Economía 2024 argumentan en su libro Porqué fracasan los países que, no son el clima, la geografía o la cultura las claves del éxito, sino el desarrollo de instituciones justas y abiertas para todos las que hacen la diferencia entre la riqueza y la pobreza.

Lo anterior viene a colación por el grave daño institucional que la cuarta transformación ha infringido en México durante sus ocho años de gestión gubernamental y que se manifiesta en la destrucción y el debilitamiento de instituciones que forman parte de la estructura funcional de la democracia.

Las coyunturas críticas que experimentan los países cambian la historia y abren las puertas para reformar o para destruir las instituciones nacionales. Se trata de eventos históricos disruptivos que rompen el equilibrio político y económico de un país. El evento es crítico para impulsar a una nación hacia el fortalecimiento de instituciones democráticas, justas y abiertas (concepto de gobierno abierto) o bien para acelerar su caída hacia la autocracia, en que el Estado es controlado por una élite que asume una actitud extractiva de la renta nacional.

México se encuentra en una coyuntura crítica que ha derivado en una regresión autoritaria y en la erosión institucional que podemos resumir en: la captura y desaparición de contrapesos en el marco del equilibrio de poderes, la concentración del poder político, la militarización de áreas clave en la economía, la opacidad económica y el uso clientelar/ electoral de instituciones y programas sociales.

Cuando un gobierno destruye los contrapesos independientes, centraliza el poder y asigna los recursos económicos del Estado, provenientes de los impuestos, mediante criterios de lealtad política en lugar del mérito, la innovación, la eficiencia y la eficacia, se sume en un círculo vicioso extractivo. Esta tendencia autocrática frena la inversión de largo plazo, asfixia el proceso creativo y aumenta el riesgo de que se caiga en un estancamiento crónico en que se afecta negativamente el proceso de “destrucción creativa”.

La destrucción creativa, concepto acuñado por Joseph Schumpeter y utilizado por Acemoglu y Robinson significa que, para que un país crezca y se desarrolle, se requiere que los recursos económicos (capital y talento humano) se movilicen, dejándose de usar en industrias ineficientes y se trasladen a sectores de alta productividad, que den curso a la innovación tecnológica y organizativa y que se democratice la riqueza con emprendedores privados que incorporen nuevas tecnologías y formas mas efectivas de gobernanza corporativa que den valor al cambio ambiental y al bienestar social. Es decir, se requiere de instituciones inclusivas en un ámbito de Estado de derecho efectivo, mercados competitivos y propiedad privada segura.

Esta posibilidad es remota en el México de la autocracia por la protección a monopolios estatales altamente ineficientes y costosos como Pemex y la CFE porque el gobierno ha modificado leyes y regulaciones para priorizar artificialmente a estas empresas estatales por encima de los generadores privados de energía. Al bloquear la entrada de tecnologías de generación limpia y de bajo costo de energía para salvar a empresas ineficientes que queman combustibles fósiles se está frenando de manera deliberada la destrucción creativa y condenando al país a un déficit crónico de energía.

Pero también lo es porque el poder autocrático ha eliminado la posibilidad de evaluar ex ante y ex post los programas y proyectos más importantes, además de que ha debilitado el control interno y la fiscalización superior. El gobierno tripula un avión cuyo piloto navega sin rumbo.

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